Spider-man lejos de casa: todos los caminos llevan a Stark

El 2019 nos trajo Avengers: Endgame, el apoteósico final de absolutamente nada, y una nueva entrega de El Hombre Araña en el calendario de Marvel. Además de confirmar que Engueim fue más un evento que una película, Far From Home sería el final de la llamada Fase 3 y la primera cronológicamente posterior al desvanecimiento de Thanos.

A pesar de que los minutos comienzan a correr con Nick Fury (Samuel L. Jackson) y Mysterio (Jake Gyllenhaal) combatiendo a un ser extraterrestre, la película comienza con un homenaje en video a Los Vengadores, hecho por unos estudiantes de la escuela de Peter Parker (Tom Holland) para el noticiero escolar. En ese mismo noticiero viene el primer punto por el que esta entrega es supuestamente importante: la explicación de por qué todos crecieron y la gente que “blipeó” -término usado para explicar el desvanecimiento cuando Thanos eliminó a la mitad del universo- se quedó de la misma edad. Una explicación suficiente y que tampoco se puede discutir mucho porque aún no se conocen esos límites de la física cuántica, pero bueno, demos el beneficio de la duda.

Después vemos a Peter plantearle un plan a su amigo Ned (Jacob Batalon) para sentarse con MJ (Zendaya) -ahora descubrimos que, en otra disneyiana tirada a la segura, es Michelle Jones y no Mary Jane como todos pensábamos- en el paseo escolar. Este núcleo de la trama es fundamental pues aquí se concentrará todo: Peter Parker anhelando la normalidad.

Después de luchar en el gigantesco patio de Tony Stark, él ha vuelto a su vida normal y quiere tener la atención de la chica que le gusta, divertirse en una excursión por Europa con sus amigos y alejarse de la vida heróica; pero, aparece Nick Fury queriendo reclutarlo para combatir una nueva amenaza en compañía de Mysterio, maestro de la ilusión. Aquí yace la contraparte de la ordinariedad: su pugna con la predestinación de ser el vengador “elegido”, impuesta por Tony Stark.

Desde los primeros minutos, este no luce realmente como un filme de Spider-Man. No es porque no aparezca o porque no tenga la leve esencia del personaje que se impregnó en Homecoming, sino que la cantidad de veces en las cuales a Iron Man se le hace mención o aparece en un segundo plano que termina siendo el primero, es excesiva. Murales en cada locación que visita la clase de Peter -¡en Europa!-, graffitis donde la cámara se posa convenientemente unos segundos para que el espectador contemple y sea salpicado por la nostalgia de algo que vio hace sólo unos meses -y pudo ver de nuevo por un ridículo reestreno-, forzadas referencias a su figura e incluso, él desata otra parte importante de la trama que acaba por ser el motivo principal de la pelea con el antagonista: al ser Peter el escogido, hereda los lentes de Tony Stark, los cuales sirven para manejar un costoso -sí, señalan continuamente lo costoso que es- sistema operativo con enormes capacidades de destrucción que el villano necesita para sus planes. Además, según el malo ayudó a crear dicho software y siente que fue robado por Stark. Sí, es la misma premisa de Iron Man 3. No sabemos si Robert Downey Jr. tuvo algo que ver o es una rara necedad de Marvel, pero esto también es Iron Man 4. No olvidemos que comienza una relación de camaradería con Happy (Jon Favreau), el jefe de seguridad de Stark Industries, quien comienza a salir con la Tía May (Marisa Tomei). Digo…

En el conflicto interno del protagonista factual por la normalidad, la película también se apega a los tonos de comedia romántica adolescente. La torpeza de Peter por lograr contacto con MJ -contacto que ella sí busca- y la inhabilidad de ambos de concretarlo toma un tiempo considerable del desarrollo; aparte, estos intentos derivan en situaciones chuscas, como es parte del manual de Disney. La personalidad de la chica igualmente podría ser de un melodrama adolescente por su arrogancia e inexpresión aparentemente inmotivados. No creo que deba existir forzosamente un “carisma” como tal en todos los personajes, pero es una anomalía que eso no se intente formar en este género y con productora. La excentricidad de MJ choca continuamente con la ingenuidad de Peter. Si esto se llamaba La araña en tu pared -o el título de romance teen que prefiera-, también quedaba.

Ya con dos películas diferentes dentro de una, aún quedaba espacio para un corto del Hombre Araña. Así como sucede con Endgame y a diferencia de la primera parte del arácnido, las escenas de pelea están mejor capturadas que en las predecesoras -la última secuencia de combate es francamente virtuosa-. Asimismo, las maniobras entre la realidad y la ilusión crean un juego plástico y narrativo interesante para sumergir al estelarista en la incertidumbre, sumada a su duda de ser superhéroe o no. Sin embargo, en varios momentos donde se requería del poder del CGI, éste no funcionó, estropeando la composición en pantalla.

Este “epílogo” de la Fase 3 -como he leído por ahí- en realidad luce como una veneración para Iron Man, quien demuestra su omnipresencia cual deidad del UCM. El camino, la verdad y la vida -aún después de la hiperdramática muerte- y que, de paso, arrastran al Hombre Araña y a su irregularmente híbrida segunda entrega.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

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