Tres rostros: un tríptico del tiempo

El pasado se transforma en presente y ambos determinan el futuro. Surge vida nueva a partir de la vida anterior, y esta nueva vida es la combinación de la vieja vida con la contradicción que la destruyó. Esta contradicción que provoca el cambio continúa eternamente. 

Lagos Egri

Interpelados desde el inicio, Marziyeh le habla a Jafari tanto como a nosotros. Suplicante, en un video grabado con celular, la jovencita le pide a la actriz iraní reconocida que la ayude. Su familia conservadora no le permite estudiar actuación. Ella podría entenderla, es mujer, actúa, y podría influir en sus padres, es famosa, la respetan. 

De nueva cuenta, en Tres rostros (2019) su más reciente película, Panahi se vale de lo poco distanciadas que a veces pueden estar la realidad y la ficción para abordar desde tres rostros (tres tiempos) problemas de la actual Irán como la falta de libertad de expresión, la misoginia.

Dicho video, que remarca los múltiples formatos accesibles con los que trabaja el director cooptado, pone en marcha la historia. ¿Es cierto lo que están (estamos) viendo? Jafari y Panahi deciden ir al poblado de Marziyeh para develar más allá de un misterio: antiguas pero permanentes creencias. Aunque todo comienza con un suceso atípico que desestabiliza a Jafari, después, hay un rodaje en medio de una cotidianidad inmutable que al repensarse agobia. 

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Misterio y reencuentro son el núcleo de cada una de las dos partes en las que se divide el largometraje. Durante la primera mitad, el interés por saber qué ha pasado con Marziyeh encausa a la actriz y al director en una road movie. Ambos se personifican a sí mismos realzando la estética documentalista que utiliza Panahi para sopesar una producción pequeña y darle mayor importancia al discurso social que a la narración. Diluida la incertidumbre, en la segunda parte, Jafari vive otro tipo de viaje. Transitando la pequeña localidad, salen a flote las razones y el contexto que oprimen a otras mujeres y quizá Jafari, desde su nueva posición, había olvidado. Aunque Panahi la sigue acompañando, se mantiene a distancia y solo ella se reúne con las otras dos mujeres entre las que se complementan. Ahí radica el reencuentro. Con el triángulo de personalidades, cada lado se contrapone y embona con el siguiente. Jafari lidera la película, Shahrzad vive recluida y, sin embargo, la unión de estas dos oposiciones apuntala a Marziyeh para lo que viene. 

Podría ser que el argumento provenga de la ficción, pero el conflicto viene de la realidad. La contundencia del subtexto soporta la serie de acontecimientos sencillos con los que se articula la película. La puesta en cámara ingeniosamente utiliza el espacio y a sus habitantes para construir las significativas secuencias y encuadres que el director y el cinefotógrafo Amin Jaferi deciden compartir de este viaje. Nos centramos en Jafari, primero en su rostro y luego en su recorrido, porque es su ayuda la que se pide, es ella quien representa a la mujer que se encuentra en una situación alejada de sus iguales. Siendo actriz expresa quién es; hombres y mujeres la conocen y la aceptan, mientras que a los otros dos rostros del tríptico las aíslan, las menosprecian.  Mientras Jafari conversa en el patio con el patriarca, las mujeres de esa casa apenas se asoman por la ventana para verla. 

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En Tres rostros Panahi personifica una querella del tiempo. Más allá de trabajarlos como unidades, el director guía a sus personajes como representaciones. Conocida más por lo que dicen de ella que lo que realiza, solamente aparece en un encuadre a lo lejos, Shahrzad es la actriz de glorias pasadas. Jafari, mujeres que en el presente han conseguido libertad y reconocimiento pero que necesitan un nuevo viaje para no llamar ingenuas a las jóvenes que buscan un camino diferente. En Marziyeh recaen las generaciones que aún tienen mucho camino que trazar en una vía que parece tener un solo sentido, el establecido por sociedades que se niegan al cambio.  

Denise Roldán

Talents press FICG 2019. Por indecisa, soy locutora, guionista y cantante de karaoke. Pero siempre regreso a la escritura, ¡siempre!

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