Black Mirror 5: ¿alejada de la esencia?

El giro esencial de la más reciente temporada de Black Mirror es un contenido en el que la tecnología se desempeña como un medio y se aleja de ser el centro del argumento. ¿A dónde nos lleva este vehículo de la virtualidad? A evidenciar nuestros vicios a partir de algo que paradójicamente está para ayudarnos, para hacernos la vida más fácil. Y en ese sentido, la serie británica continúa apegada a su esencia. Sin embargo, el hecho de que la tecnología haya dejado de explorar futuros de tonos más fatalistas no ha sido de total agrado para los fans.

Una de las cualidades que ha perdido esta quinta entrega es la de apegarse a la dimensión desconocida de esa virtualidad, característica que los propios creadores llegaron a señalar como indispensable, tomando sus declaraciones al menos hasta la tercera temporada. En esta ocasión no se alimenta significativamente al imaginario de tono distópico y futurista creado por Charlie Brooker…¿es razón suficiente para terminar una de las series más destacadas de ciencia ficción?

Mientras intentamos responderlo, revisemos cada uno de los capítulos.

Striking Vipers

Protagonizado por Danny (Anthony Mackie) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II), establece su línea temática desde el principio y se mueve dentro de ella: el deseo sexual. Lo que continúa es el desarrollo de un guion que cuida muy bien sus elementos y fija la pauta que seguirá el resto de los episodios: la tecnología, y sobre todo sus consecuencias, son reflejo de la persona que la consume. En este caso el videojuego es el lugar libre donde se desenvuelven los deseos, donde los personajes escapan de la represión que puede llegar a significar, en este caso, el matrimonio, la monotonía…y la monogamía.

La posible homosexualidad y un videojuego como detonante, el cual no establece barreras en las sensaciones físicas, son los medios que los creadores utilizan para construir un relato basado en la tensión. No es uno de los mejores capítulos de la serie, sin embargo técnicamente destaca por su calidad al ejecutar equilibradamente el apartado de guion (Charlie Brooker) y dirección (Owen Harris).

Smithereens

¿Cómo podría sorprendernos la tecnología de una fecha ya pasada? El capítulo que curiosamente es el más convencional en cuanto al tópico tecnológico, resulta ser el mejor, ya que potencia hasta desgarradoras consecuencias las costumbres que ya conocemos respecto a nuestra relación con las plataformas sociales. El gancho lo logra a partir del misterio de un personaje interpretado por el irlandés Andrew Scott, cuyo desempeño se inscribe entre las mejores actuaciones de toda la serie. Nuevamente se recurre a la tensión como en el primer capítulo, teniendo un mejor resultado gracias a la dirección de Owen Harris, quien también fue responsable del gran San Junipero en la tercera temporada.

De la cierta indiferencia por la necesidad, y necedad, ante el personaje que busca hablar con el magnate creador de Smithereens (claramente “LA red social”), se pasa a un total estado de alerta y ya no estamos sólo al pendiente por si sucederá o no la llamada, sino por el cómo. Destaca una gran construcción psicológica del personaje principal, un antihéroe que incluso comparte rasgos con Travis Bickle. En el capítulo se separan los hilos y los mantienen en espera para entrar en acción y para ir reforzando una historia que arrincona al espectador en diversas emociones.

Rachel, Jack y Ashley Too

A partir de una estrella del pop de nombre Ashley Too, interpretada por Miley Cirus y cuya actuación fue la que tuvo más foco previo al estreno, conocemos tanto las inseguridades de Rachel (Angourie Rice), una fan adolescente que perdió a su madre, como las de la cantante, quien tampoco cuenta con la figura materna. La forma de conectar a ambos personajes es por medio de una muñeca robot, réplica de Ashley Too.

Los tópicos intimistas y hasta cierto punto oscuros se diluyen en un relato que se desvía por el camino de lo amigable, lo cual en sí no es un problema, la decaída viene por cómo se llega ahí: salidas fáciles, apresuradas y deus. Este último capítulo, que para mostrar la amenaza de la especie de Alexa recurre a la sobre explicación, resulta abrumado por sus propias intenciones, abandonando todos los contraste planteados en un inicio.

Aquí nuestro comentario en Cine para todos 

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

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