Atardecer: László Nemes después del Oscar

 En 1913, durante la víspera de la Primera Guerra Mundial y después de más de una década, una joven Írisz Leiter (Juli Jakab) regresa a Budapest, a la tienda de sombreros que perteneció a sus difuntos padres y que ahora es de Oszkár Brill (Vlad Ivanov), un hombre adulto de clase alta. La primera noche sucede algo que despierta la intriga de Írisz, y que la llevará a descubrir un secreto que su familia le había ocultado. Esto desata una serie de sucesos que pondrán en evidencia la oscura naturaleza de su familia, la ciudad y sus habitantes. 

Durante 1913 el imperio Austrohúngaro estaba consolidado, al menos en apariencia, como una fuerte potencia europea, aunque la situación interna era un asunto totalmente distinto. Las constantes riñas entre el acaudalado poder central y las minorías separatistas desencadenaron en un conflicto en el seno del imperio, el cual tendría como consecuencia el asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria, que a su vez haría estallar la Primera Guerra Mundial.

En este momento histórico tiene lugar Napsállta (2018), o por su traducción al español: Atardecer, dirigida por László Nemes, quien después de El hijo de Saúl (2015), su cinta ganadora del premio Oscar a Mejor película extranjera, puso la vara bastante alta al cautivar al público y a la crítica con una historia conmovedora. En esta ocasión presenta un largometraje en un contexto histórico relacionado, al igual que El hijo de Saúl, con una de las grandes guerras que sacudieron al mundo en el siglo XX.

La película presenta conflictos a nivel personal y social, ambos manejados regularmente, pues hay veces en las que la protagonista parece distante e indiferente a los sucesos más relevantes del entorno, lo que hace tropezar la construcción del conflicto. A pesar de esto, la producción sí mantiene intriga y las resoluciones de las incógnitas resultan impactantes.

Atardecer se caracteriza por un comienzo fuerte; sienta las bases para el misterio del que van surgiendo más preguntas y más respuestas. Aunque es funcional, los primeros 40 minutos se sienten lentos; sí, es un recurso dramático, pero este ritmo puede llegar a un punto en el que se provoca perdida de interés.

El director utiliza la misma técnica fotográfica que en su filme del 2015, close up de la protagonista y el resto del plano desenfocado la mayoría del tiempo. Esto contribuye a la trama, ocasionando la sensación de ajenidad de Írisz con el contexto y reafirmando la atención en sus asuntos internos. 

Técnicamente la película cuenta con una ambientación cuidada y un diseño de audio ampliamente trabajado; el diseño de producción, además de resultar casi impecable y aportar significativamente a la dramatización, mantiene su calidad, inclusive, cuando está en segundo plano. Otra parte que es digna de destacar es la musicalización, pues, aunque resulta sutil y no está presente en la mayoría del filme, las ocasiones en las que es utilizada resultan muy atinadas.

En general, Atardecer es una producción que, aunque cojea en aspectos importantes del guion respecto a la protagonista y el ritmo, logra compensarlo con resoluciones impactantes para sus conflictos. Es una cinta recomendable y vale la pena otorgarle una oportunidad a esta nueva producción del director ganador del Oscar en 2015. 

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