Ariel 2019: Todos los caminos llevan a la austeridad… y a Reygadas

Entre el peligro de no concretarse por falta de presupuesto y sin un anuario estadístico para conocer el estado de la (no) industria, se anunciaron los nominados al Ariel. La 61° edición será la primera en celebrarse dentro de la incertidumbre que ha provocado la Cuarta Transformación en todos los sectores culturales por la llamada “austeridad republicana”.

Contrario a ocasiones anteriores, esta ceremonia se llevará a cabo en la Cineteca Nacional y no en el Palacio de Bellas Artes. Son conocidos los problemas presupuestarios en los que se ha visto el premio. De hecho, el reclamo a las carencias fue el hilo conductor de la premiación de hace dos años, donde el actor José Carlos Ruiz pidió, en su discurso de aceptación como Mejor Actor, que “le ayudaran a orinar” sobre las tumbas de quienes permitieran que el Ariel ya no se realice. Cerca la bala.

Hablando de las nominaciones, Roma -nuestra película favorita JE, JE- tiene 15 nominaciones que incluyen Mejor película, Mejor director, Mejor actriz, Mejor coactuación femenina -el premio que es como el de Actriz de reparto- y Mejor fotografía (oh, la osadía…). Se prevé que sea la gran ganadora de la noche, aún con la gran competencia que enfrenta: Las niñas bien (14 nominaciones), Museo (14 nominaciones) y La camarista (10 nominaciones).

Ahora, una perspectiva personal. Roma es una película mexicana y al ser inscrita en la convocatoria para los galardones, está en todo su derecho de competir. Sin embargo, ¿qué tan parejo está el terreno con un título que ya ganó mucho en la entrega que dicta el consumo y reconocimiento fílmico occidental -y que no ganó Mejor película nomás porque los gringos quisieron jugarle a La correcta?

Este es un caso sui generis en la historia del Ariel, pues nunca se había contemplado una cinta con este renombre y exposición -tomando en cuenta las posibilidades que abrió el streaming y la maquinaria publicitaria impulsada por Netflix- como la de Cuarón. No hay nada que pueda a hacer más gigantesca a Roma, pero que ganen o no sus competidoras en cualquier categoría -quizá, salvo Museo- sí les afecta, pudiendo darles un segundo aire (para algunas, incluso el primero). De cualquier forma, era una decisión complicada para la Academia, especialmente en los tiempos cuando la corte de plaza (digital) tiene tanto peso y repercusiones. Si anunciaban que Roma no competía por alguna razón, seguramente iba a haber quien brincara. Tal vez (estoy seguro de que no soy el único) haya alguien más que coincida con mi opinión de que la competencia, en este caso particular, no es equitativa.

Aun con el tema de La Película, que probablemente traiga más espectadores de los usuales a la entrega, sería importante que se diera buena oportunidad al público de conocer a las nominadas. No es secreto para nadie que el Ariel no llama la atención de los espectadores nacionales, siendo el factor más importante, pues… no se conoce -extensamente- a quienes compiten a menos de que ganen o sean parte de una alguna gran producción apoyada por los viejos caciques de la televisión -y, a veces, ni así-. Ya existen ciclos, pero no parecen ser suficientes y sería un esfuerzo loable de la nueva administración en su labor de difundir los productos culturales de una nación.

¿Qué sorprende? La inclusión de De la infancia (Carlos Carrera, 2009), cinta enlatada por casi una década, en siete categorías: Mejor actor, Revelación actoral, Coactuación masculina, Efectos visuales, Diseño de arte, Vestuario y Mejor guion adaptado. Sin demeritar la calidad cinematográfica existente en la película, las nominaciones también se perciben como una especie de retribución a Carrera. En una nota menos agradable -pero igualmente sorprendente-, Nuestro Tiempo de Carlos Reygadas se coloca con cinco nominaciones, entre las que destacan Mejor película y Mejor dirección. “Reygadas, no estás solo. Lamentablemente.”, dijo alguien por ahí.

Asimismo, Las niñas bien (Márquez Abella, 2018) se encuentra nominada a Mejor guion original, situación que ha alzado cejas. No es nada en contra del guion -que de hecho tiene varias virtudes-, sino que éste no es un libreto original, sino una adaptación del texto homónimo de Guadalupe Loaeza. Todos queremos pensar que hay una buena razón para esta nominación, pues a pesar de estar en una categoría aparentemente incorrecta, la estructura narrativa de Márquez Abella merecería reconocimiento de igual manera.

El tambaleante Ariel seguramente irá por la segura y premiará con todo lo verosímil a su gran invitado, el que es orgullo nacional y demás, pero ojalá que se hagan consideraciones para sus muy dignas oponentes. Con más ojos mirando el escenario para ver qué más gana Roma, los invitados probablemente aprovechen el momento para realizar reclamos sobre los recursos destinados al apoyo de la cinematografía. Y, digo, deberían.

A pesar de todos los asegunes que pueda tener, el Ariel resulta necesario como rito de reconocimiento y una formalidad necesaria para tener exposición mediática. En las esperanzas del cine mexicano de terminar su consolidación, una industria (siempre incipiente) como la nuestra no debería estar dudando año con año sobre si se puede realizar o no una ceremonia como ésta.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

 

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