Presente. Perfecto. : la soledad en la posmodernidad

Es conocido el puesto de superpotencia ascendente que tiene China en el panorama mundial, pero su cultura, aún en vías de occidentalización -por decirlo de alguna manera-, es un asunto extraño para la mayor parte de este lado del globo. Sabemos que está creciendo en diversos aspectos, pero ¿qué encierra el país más habitado del planeta?

Present. Perfect. (Shengze Zhu, 2019) revela un fenómeno peculiar que sucede en el gigante asiático: el boom de las transmisiones en vivo, no sólo como forma de comunicación, igualmente para obtener ganancias económicas. Para este documental, construido únicamente a partir de fragmentos de esas transmisiones, fue necesario revisar más de 800 horas de material. El resultado es un largometraje de 124 minutos en el que distintas personas exhiben alguna parte de su existencia: su trabajo picando piedra, sus largas caminatas a través de paisajes totalmente vacíos, o simplemente sentados en su casa viendo la existencia pasar. Hacen stream de cualquier actividad, algo no exclusivo de tal comunidad.  

Según datos que ofrece la película, fue en 2016 cuando esta forma de video se volvió muy popular, siendo meritoria de tener una legislación propia para regular las monetizaciones y contenidos, aunque en la vastedad de 400 millones de usuarios, es sumamente complicado. Por la variedad de contenidos nos damos cuenta, aunque no podamos concebirlo del todo sin vivir allá, de la densidad territorial de China y de la dispareja distribución poblacional.

Una de las constantes en esos pedazos de video son los escenarios mayormente vacíos, en algunos incluso vemos escombros, como si fuera una zona desierta. En un área tan extensa y con poca gente alrededor, ¿dónde buscar la interacción si no en la nada real, pero en la inmensidad virtual? Un lugar que no existe, pero el cual es más grande que cualquier sitio.

Dicho por la propia directora Shengze Zhu, el subtexto fundamental de su trabajo es la reflexión sobre la socialización y las modificaciones que ha sufrido con el paso de los años, ahora en plena era digital. Estos personajes, de todos contextos y características físicas, buscan esa conexión necesaria con otros que dicen ser sus seguidores y hasta les mandan regalos (virtuales o canjeables por efectivo). El placebo digital para el contacto humano real con tus semejantes que dicen entenderte y te acompañan relativamente a donde sea, incluso mientras estás sentado en el retrete: la consensuada desaparición de la intimidad.

A diferencia de lo que dice la engañosa sinopsis, las carencias económicas no resaltan tanto, pero tampoco se nota un nivel de vida alto. Lo que sí se puede apreciar son comentarios de queja contra sus empleos, casi todos obreros en alguna compañía. Precariedad en el ámbito laboral que se traduce en la búsqueda de la fama y de una mayor ganancia económica mediante esta herramienta.

A la par del comentario sobre la socialización, la obra aglomera sus núcleos subtextuales en un tema subyacente: la soledad en la posmodernidad. El mundo ya no es físico solamente y sus barreras se han trascendido. El sujeto queda diminuto ante la inmensidad de las posibilidades y estando normalmente envuelto en un entorno de explotación laboral que lo obliga a ensimismarse, la tendencia a la soledad es latente y cada vez más personas la padecen. Este tipo de contacto genera un círculo vicioso de gratificación, pues todo termina cuando finaliza la transmisión, a pesar de que se interactúe con naturalidad mientras la cámara enfoca a quien se expone ante ésta.

Estas consideraciones son propiciadas por Present. Perfect. al observar los diferentes matices que componen los fragmentos, aunque el ritmo de su montaje no está en una línea amena. Sin apartar la virtud de la crítica social, el desarrollo de la película es espeso por la aparente inconexión entre los diferentes trozos de metraje, pues algunos se extienden demasiado, convirtiendo todo en una semicontemplación de una rutina que puede ser aburrida dependiendo de la óptica.

El mérito de Present. Perfect. yace en la posibilidad de hacer un análisis interesante y extenso de las configuraciones del pueblo chino y, en plano general, a la colectividad posmoderna, pues sus formas estrictamente narrativas no son provechosas.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres

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