Las mejores películas mexicanas del 2018

¿Cómo se recordará en la historia del cine mexicano al 2018? Digo, probablemente sea un año más o menos común de acuerdo a los estándares. Posiblemente los números reflejen que se mantuvo el promedio de 150-180 películas producidas y muchas menos estrenadas, así como sucedió en 2017 (con 176); lo mismo con el número de asistentes a las salas, cifra que sólo parece ir en incremento… excepto con películas mexicanas, lo que tendrá que ser atendido por la nueva administración.

Ahora, fuera de la frialdad del anuario estadístico, este año fue particularmente interesante en la pantalla para el cine mexicano. Hubo un aparente mayor atrevimiento en el tipo de historias que se pretendieron contar y, también, un mejor uso de la gramática fílmica en los dos lados del espectro: las “comerciales” y las de “nicho”, por ponerlo de alguna manera.

Como es común, en estas épocas comparto mi conteo que repasa el cine mexicano que pudo verse este año. Primero, en las menciones honoríficas, las cintas que tuvieron algún mérito:

La boda de Valentina, El vigilante, Guerrero, Todo mal, Tamara y la catarina, El club de los insomnes, Ayotzinapa: El paso de la tortuga, Los adioses, Lo mejor que puedes hacer con tu vida, Rush Hour (entraría, pero pudo verse en 2017), Mente Revólver, Ana y Bruno y El buquinista.

10. La 4a compañía (Amir Galván y Vanessa Arreola)

Ganadora de una cantidad récord de Arieles en 2017 y apenas estrenada, La 4a compañía es una interesante exploración a la vida carcelaria mexicana en una etapa dura como los años 70. En México (y, si se quiere, en cualquier parte) es necesario e inevitable chingar o ser chingado. Ésta es una virtuosa representación de la famosa Ley de Herodes, decreto no escrito que rige buena parte de la vida del mexicano común.

9. De la infancia (Carlos Carrera)

Enlatada por casi 10 años y dirigida por Carlos Carrera -alguien que no es ajeno a la censura en su quehacer cinematográfico- De la infancia es una propuesta que impacta por su brusquedad y que sirve como un efectivo retrato de la niñez mexicana de clase baja: la que lidia con carencias, terribles problemas familiares y un entorno que no hace más que arrebatarles la inocencia (tesitura recalcada en la película). “Infancia es destino”, dijeron por ahí.

8. Hasta los dientes (Alberto Arnaut)

El único documental de la lista. Esta cinta revisa y (re)denuncia el asesinato de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, presentados como “sicarios armados hasta los dientes” -de ahí el título-, ocurrido en 2010. Además de la íntegra investigación, el filme cuenta con gran fluidez y potencia un relato que indigna y, a la vez, recuerda el estado de derecho que padecemos los habitantes de este país. La pertinencia del filme documental en un país como México.

7. Cría puercos (Ehécatl García)

Aborda la recuperación de Esmeralda, una señora anciana que debe reencontrar la motivación por la vida tras la muerte de su esposo y la ausencia de su unigénito. En el transcurso, la vida la unirá con un cerdo que, aparte de mascota, será una parte fundamental para su proceso de duelo y aceptación del porvenir. Un virtuoso relato de la sensibilidad femenina, de la pérdida, el abandono y el encuentro con uno mismo.

6. La camarista (Lila Avilés)

Gran ganadora en el Festival Internacional de Cine de Morelia, La camarista es un filme de tintes minimalistas que aborda el relato de una empleada de hotel, quien dentro de las habitaciones y pasillos, debe encontrar el brillo interior para su existencia, aún estando atrapada en las vidas ajenas. Un relato sorprendentemente desolador y realista que exhibe el interior de estos seres usualmente invisibles.

5. Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras)

Además de presentar un conmovedor relato sobre la culpa, el amor y la aceptación, Sueño en otro idioma destaca por su interesante postura indigenista y su comentario sociopolítico. Aparte de su provechosa realización donde resalta el trabajo fotográfico en exteriores complicados, considero que su importancia radica en la relación que tuvo con la audiencia. Fue más breve de lo que creí que sería, pero ésta cinta realmente motivó una conversación alrededor de ella que pudo competir por cierto tiempo con la aplanadora Marvel.

El público nacional se interesó por una cinta alejada de los géneros comúnmente explotados a gran escala en el cine mexicano, lo que fue un fenómeno interesante y francamente sorprendente.

4. Ayer maravilla fui (Gabriel Mariño)

Dentro de su monotonía (y monocromática existencia), unos personajes solitarios tienen la habilidad -y maldición- de cambiar de cuerpo, por ende de vida, de un momento a otro. La mayor sorpresa en el año fílmico mexicano es esta cinta de matices surrealistas que goza de una gran capacidad para maniobrar con los giros dramáticos y una interesante creatividad para manejar con su diégesis. Una ensoñación, una realidad alterada y/o, simplemente, una cinta atrevida y de interesante realización.

3. Tiempo compartido (Sebastián Hofmann)

Tiempo compartido, según su propio director, resulta inclasificable dentro de algún género, pero modela virtuosamente la aventura pesadillesca de unos vacacionistas que terminan compartiendo habitación en un hotel, dentro de la modalidad del tiempo compartido.

Un excelente suspense psicológico de virtuosa realización, gran manejo del ritmo narrativo y exposiciones interesantes sobre la explotación laboral, los sistemas piramidales (laborales y sociales) y la atrocidad personal en la convivencia humana. Un peculiar recorrido del aparente paraíso a la inclemente desdicha.

2. Museo (Alonso Ruizpalacios)

Museo, segunda película del ya reconocido director Alonso Ruizpalacios, rememora -de cierta forma- el atraco al Museo Nacional de Antropología e Historia ocurrido en 1985. Aunque el hilo conductor es el robo, Ruizpalacios regresa a los subtextos discursivos de su anterior cinta, como son la búsqueda de la realización, la desmitificación y la incertidumbre en la inestable juventud.

Además, con el desdén que tiene con las formalidades fílmicas, logra conjuntar un interesante discurso cinematográfico que, aparte de ser congruente con su relato, comienza con las bases de una formación estilística. La película mexicana más interesante del año.

1. Roma (Alfonso Cuarón)

Fuera de las indiscutibles virtudes formales de esta película que la constituyen como una obra mayor de Alfonso Cuarón, Roma ha motivado una entusiasta conversación (o discusión, dependiendo del ánimo) alrededor del cine mexicano, algo que no sucedía desde hace un rato. Una obra eminentemente opulenta y un vistazo atemporal al México eternamente claroscuro.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

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