Nueva Venecia: las esperanzas de una aldea flotante

Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavorami_)

El caserío flotante que da forma al pequeño pueblo colombiano de Nueva Venecia, en las cercanías de Barranquilla, es una suma de reflejos, colores radiantes y sonidos acuáticos. Aunque descansa completamente sobre el agua del Mar Caribe que anega la Ciénega Grande de Santa Marta –una de las más extensas del continente–, en él hay escuelas, tiendas, una iglesia y hasta una cancha de futbol, el deporte favorito de muchas de las 3,000 personas que habitan la comunidad pesquera. Es un paraíso suspendido entre los azules del agua y el cielo nítido, con calles “pavimentadas de mar” para las lanchas –única forma de transporte– y techos de paja que resguardan a los venecianos de la intensidad solar. Sin embargo, no todo es tan bondadoso, porque hace exactamente 18 años, el 22 de noviembre del 2000, un comando paramilitar en busca de simpatizantes del grupo guerrillero ELN ingresó al pueblo de noche y asesinó a 39 hombres, muchos de ellos en las puertas de la iglesia. Desde entonces Nueva Venecia ha tenido que resurgir del apagón que significó esa masacre, y su resistencia al hundimiento físico y moral es el objeto principal detrás del más reciente estreno del documentalista uruguayo Emiliano Mazza (Multitudes, 2013) y la productora mexicana de documentales Martha Orozco (Cuates de Australia, 2011; Lecciones para una guerra, 2012).

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La cámara del cinefotógrafo colombiano y también director de documentales Ricardo Restrepo –en uno de sus últimos proyectos antes de su muerte en el 2017– igualmente parece flotar entre las casas del pueblo “palafito” (de viviendas construidas sobre estacas en la superficie del agua). Resplandecen los destellos de mar reflejados sobre las paredes, las barcas con nombres pintados o los rostros de los pescadores curtidos por el sol. En la escuela secundaria local algunos adolescentes evocan sus sueños a petición de una maestra: unos quieren convertirse en médicos, otros en ingenieros; algunos más en futbolistas profesionales.

Y es que junto a la narración de una bella historia fantástica escrita por un cuentista local integrando parte de la historia de Nueva Venecia, es precisamente el futbol el leitmotiv que amalgama muchos de los elementos que dan forma al segundo largometraje de Emiliano Mazza. Así, la reconstrucción de la característica cancha sobre el agua del pueblo –particularidad que según el mismo documentalista fue la primera cosa que llamó su atención para hacer la película– no sólo funciona como uno de los hilos que conducen su intimista exploración sobre la psique y las esperanzas de una aldea flotante, sino como una poderosa metáfora de la superación del dolor, la belleza de su tranquilidad isleña y las miras hacia un futuro más brillante, más cálido, tal vez como el sol que cae sobre la cuadrícula de esta isla de madera fijada en el centro de una extensión del mar. En medio de todo esto, el homenaje de Nueva Venecia al pueblo “veneciano” también irradia su propia luz de película destacada en el actual panorama del documental latinoamericano.

Gustavo E. Ramírez Coordinador editorial en la Cineteca Nacional. Especialista en cine documental.

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