El primer hombre en la Luna: el bucle de la nada

Por: Mauricio Hernández (@MauHeRa

A pesar de que vivimos en la era posmoderna donde los grandes relatos ya no existen, aún permanecen ciertos cuentos que sustentan el viejo orden de las cosas que se niega a desaparecer, especialmente en lo que se conocía como Occidente.

La llegada del hombre a la Luna es el último gran relato gringo, aún recordado y tomado como objeto de presunción en su nación. El mayor logro exopolítico-científico de la humanidad… Bueno, según.

El subgénero eminentemente estadounidense de los viajes espaciales casi siempre cae en el terreno de la épica (recuerde Apolo 13 de 1995 con un heroico Tom Hanks), con pocos cuestionamientos hacia los motivos de las expediciones, los cuales siempre caen en el “servir a esta gran nación” y otras de las cantaletas usuales.

Después de tardar más de una década en el desarrollo de este proyecto, Clint Eastwood soltó First Man, que después cayó en las manos de Universal y finalmente fue encargado a Damien Chazelle. Basada en First Man: The Life of Neil A. Armstrong, la biografía de Neil Armstrong -el primer hombre en “pisar” la Luna- escrita por James R. Hansen, la cinta aborda el proceso de gestación de la famosa misión Apolo 11, el punto culminante de más de ocho años de esfuerzo en la NASA.

A la par de revelar la ardua marcha del equipo gringo para derrotar al bando comunista en la carrera espacial, nos cuentan la odisea de Armstrong (Ryan Gosling), quien no sólo sufre dentro de los simuladores y objetos de prueba, también en el aspecto personal. Dentro de la construcción inicial de la trama nos revelan el punto de quiebre emocional en la vida de este astronauta: la muerte de su hija por cáncer, suceso trágico catalizador de la obsesión de este hombre para encontrar un sentido en La Nada.

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Finalmente, ¿qué es viajar al espacio si no la nada absoluta al oscuro enigma? Lo más valioso de la narrativa es este matiz de la persecución del significado de la respiración cuando se ha perdido en esencia todo, pues expone al hombre deshecho detrás del tenaz explorador y posterior gran leyenda, aquél que ha dejado salud mental y física, vida familiar y social por un objetivo insertado en él por ideología y porque la existencia fue lo suficientemente cruel para darle el peor dolor que alguien puede padecer.

Desafortunadamente la vida no se detiene cuando no tenemos nada dentro y así sucede con el programa espacial estadounidense, el cual tiene la enorme encomienda de derrotar a sus rivales rojos por presión del Congreso y de la sociedad civil, cada vez más escéptica sobre la existencia de estos costosisimos programas espaciales que sólo son una demostración de poder ante el mundo, el orgullo de unos pocos que debe ser el de todos. Esto queda perfectamente adjetivado en una secuencia que monta metrajes antiguos de entrevistas que cuestionan a la NASA con fragmentos de un sujeto que canta versos duros contra las misiones: “No puedo pagar un doctor, pero el blanquito está en la Luna”. Sin embargo, estas dudas también son expuestas en el interior de los uniformados y patrones trajeados, quienes constantemente barajan la idea de soltar todo por los grandes costos monetarios y en vidas humanas. “¡Ustedes son sólo un montón de muchachos que pretenden tener el control!”, grita Janet Armstrong (Claire Foy) a los superiores de su esposo, encarnando la desesperación de los familiares por la incertidumbre y tensión a la que están sujetos… Todo por un asunto que quién sabe si valga la pena.

Así como sucedió en la premiada Apolo 13, la realización de este filme es absolutamente impresionante. El despliegue de recursos visuales y sonoros es sorprendente para recrear la época, los aparatos de entonces y los escenarios, confirmando esta cinta -en cuestiones formales- como un producto totalmente maximalista hasta el momento de la misión final, donde la narrativa se quiebra, se suprime todo sonido excepto el de la comunicación por radio -mezclada con gran virtud- y queda únicamente la contemplación del protagonista ante el cumplimiento de una meta sumamente cara.

Este tremendo recorrido termina con una desgarradora escena (ya la verán) que confirma el discurso: sufriste y te quebraste para conseguir eso que tanto querías, lo has logrado… ¿y luego qué? ¿No será que siempre buscamos algo (o nada) en la nada? Lejos de contar la historia más gringa de todas a la manera más gringa posible, El primer hombre en la Luna desmitifica la gloria de la “conquista” lunar y cuenta la trágica epopeya de un hombre que buscó todo en lo más lejano. Un esquema ordinario de alguna forma, pero expuesto del modo más extraordinario.

Miembro del club de los insomnes. Dicen que nada me parece, pero no estoy de acuerdo… No me enmiendo.

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