Rush Hour | Crítica

Por: Mauricio Hernández (@MauHeRa

Quienes vivimos en la Ciudad de México quizá ya no lo notamos por costumbre, pero la densidad urbana de este territorio es tremenda. Para nosotros es perfectamente normal tardar una hora en un traslado (a veces, hasta resulta poco). Según la legislación en materia laboral, la jornada estándar de un obrero común es de ocho horas (aunque eso ya casi nadie lo respete e incluso se tome como apatía no chingarle más); si tomamos en cuenta el tiempo de traslado -ida y vuelta-, hay quien puede hacer más de la mitad de su jornada únicamente en transporte. En suma, ¿cuánto tiempo de vida es eso?

Rush Hour de Luciana Kaplan, conocida por su ópera prima La revolución de los alcatraces (2012), trata -en apariencia- sobre las historias paralelas de tres personas que habitan en megaurbes (Estambul, Los Ángeles y Ciudad de México), padecen de su sobrepoblación en horarios laborales y de la necesidad de ganar un salario para poder cubrir sus necesidades básicas.

Sobre esta aparente trama, el documental, intercala el seguimiento que hace a los tres personajes que viven contextos socioculturales totalmente distintos: una mujer musulmana que no atraviesa una ciudad, sino -estrictamente- un continente para llegar a su trabajo en una tienda de ropa y que deja atrás a sus hijos pequeños; un señor pequeñoburgués, ingeniero-planeador de los presupuestos de las construcciones y músico frustrado que tiene traslados desde los suburbios hasta la parte desértica de California; y, una mujer jefa de familia que se mueve de Ecatepec a la Ciudad de México para llegar a su trabajo en un salón de belleza superfifí.

La mujer musulmana tiene como preocupación principal el dejar a sus retoños en casa valiéndose prácticamente por ellos mismos, pues para regresar a casa tiene que pasar dos horas y media en el colectivo. El señor, atorado en la monotonía de la oficina y de su sueño no conseguido, es quien posee una estabilidad financiera, pero a costa de haber sacrificado su verdadero deseo en la vida de ser un rockero, agobiándolo a cada segundo de sus horas en carretera. La señora ecatepequense teme por su vida cada que abandona su hogar, pues el recuerdo de su violación la acecha constantemente en esas dos horas y media que recorre los caminos. Y como si no fuera suficiente, se enfrenta constantemente con un entorno que le resulta totalmente ajeno, escuchando charlas de salón de gente cuya mayor preocupación es no haber llegado a la clase de yoga. La disparidad en el género y la clase social se remarca fuertemente, pues todos son sujetos violentados de alguna forma por su posición en la pirámide, pero no todos pasan las mismas penumbras ni engorros.

Con una cuasi-siniestra planeación, Rush Hour explota los planos generales -tomados con drone- para ubicar al espectador en una sensación de diminutez ante el monstruo de concreto y destellos luminosos. Y lo logra, pues se percibe el movimiento de los minúsculos componentes que somos de este gran organismo artificial que sobrevive únicamente por la exigencia fisiológica-social de los requisitos primarios para la vida. Otro elemento importante es el sofocante ruido de la ciudad. Los claxons, las pistas en el radio, las conversaciones fugaces, los gritos… El diseño sonoro potencia el atosigante estruendo de fragores sin sentido en el que todos estamos envueltos y al que, para bien o para mal, nos hemos acostumbrado.

¿Por qué marqué tanto que este es el argumento “en apariencia”? Si el desarrollo se concentra en el tiempo de traslado de tres peones para llegar a su trabajo… ¿no es esta una exploración, bastante amplia y precisa, al capitalismo? El sujeto que se mueve (distancias horribles) únicamente por la enajenación provocada por la explotación, en un sistema piramidal violento que afecta más dependiendo de tu condición de género, estrato social e incluso nacionalidad, que obliga a dejar sueños en la búsqueda de la firmeza económica y que paulatinamente consume la salud del trabajador… todo ubicado en el estandarte de las obras planeadas para la mejor obtención del capital: las ciudades. Sí, en esencia, esta es una película sobre el capitalismo.

Toda esta frustración del explotado se unifica en la mirada perdida de los protagonistas a través de la ventana del camión o el parabrisas del auto, aquella que contiene los días perdidos, los proyectos no realizados, la vida que se fue… Hay alternativa, pero no hay más opción. Y “pues bueno, aquí sigo” (seguimos)…

Desolador y contundente, Rush Hour es un espejo para muchos o una mirada al futuro, dependiendo de la edad. Un recordatorio, englobado en un excelente documental, de dónde estamos, hacia dónde vamos y cuánto tiempo de vida nos va a tomar llegar ahí. 

Miembro del club de los insomnes. Dicen que nada me parece, pero no estoy de acuerdo… No me enmiendo.

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