Western | Crítica

Por: Mauricio Hernández (@MauHeRa

Los westerns, coloquialmente conocidas como “películas de vaqueros” -estrictamente, eso son-, refiere en un sentido más riguroso a “la conquista de un territorio”. Es decir, este género (por excelencia del cine estadounidense) muestra el proceso de expansión que esa nación tuvo durante el Siglo XIX mientras se encontraban con el salvaje oeste; casi siempre se enfocaba en un relato dramático de un grupo de cowboys contra los bárbaros indios, pero nunca podemos apartar el gran fondo del expansionismo gringo.

Por supuesto que el western no es exclusivamente estadounidense -ahí tenemos los chili westerns o los spaghetti westerns-, así que resulta interesante la elección del título para el tercer largometraje de Valeska Grisebach. Esta cinta aborda las vivencias de un grupo de obreros alemanes que construyen una planta hidrológica en suelo búlgaro, pero centrándose en Meinhard (Meinhard Neumann), el nuevo del grupo.

Desde la sinopsis podemos notar el sentido del título Western, pues en alguna forma, el consorcio alemán que manda construir una planta de agua en tierras extranjeras y que funcionará para sus intereses, es otro medio de conquista de territorio en menor escala, pero con mayores repercusiones económicas y sociales. Aquí surge una exposición de la geopolítica europea con Alemania como potencia dominante y una evidencia de la preponderancia económica como fuerza mayor no sólo en Europa, sino extendida en todo el globo debido al modelo económico imperante. Las fronteras desdibujadas por el capital y los asuntos de recursos naturales escasos.

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Si hablamos de Europa, hablamos -desafortunadamente- de un marcado nacionalismo, lo que también está presente en la trama. Visible en el comportamiento de los trabajadores alemanes, quienes en múltiples ocasiones alardean de su nacionalidad y desdeñan a los lugareños, poniéndolos como gente de segunda; incluso son los propios búlgaros quienes reconocen a los germanos como “gente muy recta y decente”, rememorando ciertas interacciones que tuvieron con la armada alemana. Sin embargo, son mayores los encuentros rencillosos que se exhiben por la amplitud de las diferencias socioculturales entre los ciudadanos de ambos países. Los siempre presentes altercados entre europeos, comúnmente recelosos a las relaciones con otros pueblos, y ni se diga al mestizaje…

Sumando a las líneas discursivas está la interesante exploración a la masculinidad, subtexto más tocado a lo largo del filme. Los patrones de comportamiento de los obreros suelen ser acentuados hacia la masculinidad desbordada, pues las constantes acciones de fuerza que deben realizar, los inclinan hacia la idealización de la fuerza como característica determinante de la virilidad. El desarrollo expone todo esto al introducir peleas absurdas por demostrar pura superioridad entre los jornaleros, actos de violencia machista contra mujeres del poblado, chistes contra un trabajador por dejar que otro toque su cabello (prejuicios sobre la conducta de un Hombre), etc. El vigor bruto se topa con el sentimentalismo cuando estos machos tantean con un lado más sensible con, por ejemplo, la muerte de un caballo. Además, el protagonista, siguiendo impulsos físicos, también busca su acercamiento con alguien del sexo opuesto, no sin antes dejar entrever una faceta afectiva que iría en contra de los preceptos del macho alfa, lo que agrega sustancia a este conjunto temático narrativo.

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Ahora, si reducimos todo aspecto social de estas figuras, quedan únicamente los seres humanos que son. Seres que se ven forzados a profanar un territorio ajeno en persecución de su manutención en actividades peligrosas y sin condiciones óptimas; el día a día en la explotación capitalista.

Es así como entendemos a los múltiples subtextos como la virtud de esta película, todos esos argumentos socioculturales que tiene para ofrecer; puesto que, formalmente, encierra todo en un naturalismo largo y tendido -cansado por momentos- que concentra la atención en lo que los sentidos de las figuras en pantalla pueden apreciar en franco acompañamiento. Sin un despliegue técnico sorprendente o amplio, pero sí eficiente para sus propósitos.

Western sirve como un microplano de la sociedad europea y de la vida en general. Un mundo que ya no se tienta el corazón al exigir cualquier cosa a sus trabajadores, prejuicioso y feroz. Pero que deja una luz de esperanza y te pone música para bailar (ya verán de lo que hablo).

Miembro del club de los insomnes. Dicen que nada me parece, pero no estoy de acuerdo… No me enmiendo.

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