Dejar el ring, pero no la máscara

Por: Leticia Arredondo (@leetyAV

Al pisar debajo del cuadrilátero, las entrañas de Amor Infernal le han exigido más valentía que al momento de defenderse de una llave al centro del ring. Ha tenido que alejarse de tal escenario para recibir a la hija cuya existencia ha transformado su vida, empezando por su cuerpo de 16 años.

En el reposo de su embarazo su sangre hervía por volver al sitio donde disfruta los momentos en los que su cuerpo se suspende en el aire y aquellos en los que se desploma; cuando el ring se manifiesta y su estridencia se fusiona con la algarabía del público.

“La lucha para contener el deseo de regresar al ring ha sido tal vez la más difícil de vivir en su camino para convertirse en una luchadora profesional, sólo comparable con el machismo y la misoginia que enfrentaba arriba y abajo del ring”. Emilio Torres, autor de la serie fotográfica Amor infernal.

Pero hay otro paraje por descubrir: la maternidad. Justo ahí, en esa nueva posibilidad de introspección, está la fotografía del mexicano Emilio, la cual ilumina ese espacio recóndito y nos permite habitarlo.

Al revelar la sensibilidad de una profesional de la lucha libre fuera del ring, el trabajo de Emilio manifiesta la premisa de que la fotografía interroga a la percepción en su totalidad, en la medida en que ésta se halla arraigada en el tiempo y el espacio; cada imagen nos convoca a  explorar más allá del significado estable de la lucha libre.

“Al usar la máscara pienso que podemos sacar a flote nuestro verdadero yo, ya que nos damos esa libertad al cubrir el rostro de no ser juzgados o señalados. Y podemos ser protagonistas de nuestras propias fantasías” Emilio Torres.

No es la primera vez que el fotógrafo veracruzano se acerca a la lucha libre con una mirada inquisitiva que nos permite llegar a un panorama intimista. En su serie A ras de lona muestra los espacios solitarios que los personajes eligen para colocarse la careta; los sitios donde se realiza el ritual de la transformación antes de subir al lugar donde se permiten ser.

“He llevado más de tres años siguiendo la vida de los luchadores del Puerto, he conocido bastantes historias de ellas y ellos, y lo que me llevó a Amor Infernal fue su temprana edad para ser madre y todos los sucesos que intervinieron en su periodo de embarazo, en el que tuvo que dejar la secundaria, ya que la institución educativa no le permitió seguir estudiando”

Después de un año, Amor infernal ha regresado al ring. Ahora con un nuevo un lazo fraternal e inocente que la dota de energía. Nunca dejó la máscara. El aire de libertad que ésta le da es incomparable.

Leticia Arredondo Editora web de Zoom f7. Veo, leo, y escribo sobre cine y fotografía.

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