¿Cómo ganar diez Premios Ariel y pasar desapercibido?

Por: Omar Sánchez

“Puede estar muy premiada pero también puede pasar desapercibida”; son las palabras de un actor cuya película se convirtió en una de las más ganadoras en la historia del Ariel, al nivel de filmes como Los olvidados (Luis Buñuel, 1950) y Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000).

Adrián Ladrón, protagonista de La cuarta compañía, sostenía orgulloso una de las 10 estatuillas con las que el filme dirigido por Vanessa Arreola y Amir Galván arrasó en la 59 edición de los premios de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, celebrada en julio de 2017. Mientras esto sucedía, una pregunta surgía entre el público: ¿Quién ya vio La cuarta compañía? La respuesta era que casi nadie, más allá del jurado de la Academia y de los asistentes a algunos festivales.

La realidad es que tanto el premio de la Academia como la mayoría de las películas producidas en nuestro país pasan prácticamente desapercibidas para el grueso de la población.

La brecha entre estos títulos y los más vistos por el público ha estado presente en la historia reciente de nuestro cine, aunque en los últimos 10 años se registra una tendencia en la que ninguna de las producciones ganadoras como Mejor película, a excepción de El infierno (Luis Estrada, 2010), ha tenido resultados destacables en taquilla.

El hecho de que una película ganadora del premio de la Academia de su país no sea de las más vistas no es extraño, ni por sí mismo tema de debate. Los blockbuster existen en todo el mundo y en todas las industrias, y son contadas las películas que se llevan el reconocimiento y lo conjugan con una taquilla avasalladora.

Sin embargo, la cuestión no es en sí sobre la taquilla, sino el tema es buscar una convergencia entre el valor mediático de nuestro galardón más importante (que actualmente es nulo o negativo) y la comercialización de nuestras películas. En México ambos puntos son casi inexistentes. Esto parte de dos principios fundamentales: la nula importancia que el público masivo tiene por la Academia, y la nula importancia que la Academia tiene por el público masivo.

La generación que está cambiando al cine mexicano

El caso de La cuarta compañía es un ejemplo perfecto de la desvinculación absoluta que existe entre estos dos aspectos. Muestra clara es que logró su estreno comercial a casi un año de haber sido multipremiada.

Para poder continuar, es necesario regresar a 1946, cuando se fundó la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, cuyo principal objetivo fue justamente el de reconocer y galardonar a lo mejor del cine mexicano, el cual atravesaba por un momento cumbre de producción y comercialización. No sólo se hacía un gran número de películas, sino que también existía una importante exhibición que llegaba al grueso del asistente promedio a las salas de cine.

Era difícil pensar que para el público mexicano existieran estrellas más grandes que Pedro Infante, Jorge Negrete, Sara García, María Félix o Mario Moreno “Cantinflas, por mencionar algunos. Esto significaba que el cine nacional tenía un peso específico en el imaginario cultural y popular de nuestro país.

Sin embargo, al cabo de algunos años, vino el declive, así como los conflictos entre productores privados, creadores y agremiados, lo que desembocó en la desaparición del Premio Ariel durante más de diez años. A la par, la televisión y las producciones de una recuperada industria estadounidense empezaron a adueñarse de las audiencias de nuestro país, minimizando el peso de nuestra cinematografía.

Ya en años más recientes, en la década de los noventa, luego de que la Academia estuviera mayormente controlada por personales morales, empresarios e incluso funcionarios, los creadores recuperaron el control del organismo ante la preocupación de que se estuvieran anteponiendo los intereses comerciales a los estéticos y artísticos. Y fue justo en ese año, 1998, cuando se presentó la producción más baja en la época reciente, con sólo 10 películas realizadas.

¿Nos logramos recuperar de la debacle?

Ya en un contexto de una industria con muchas limitaciones, sin suntuosos recursos y sin manera de competir con la hollywoodense, dicho cambio acrecentó el distanciamiento entre creadores, productores y distribuidores. No hay que confundirnos, para nada la idea es que la Academia debía seguir en manos de grupos que no fueran del gremio, simplemente reafirmó un punto de quiebre entre dos partes que deberían establecer objetivos en común y que, sin embargo, han tenido pocos puntos de encuentro.

Desde aquel 1998, el cine nacional fue de un lado para otro sin establecer alguna dirección específica. Ciertamente llegaron bombas en la taquilla como Sexo, pudor y lágrimas (Antonio Serrano Argüelles, 1999) y El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002), e irrumpieron grandes obras multipremiadas a nivel internacional como Y tu mamá también y Amores Perros, pero no había certidumbre. La producción era reducida y fuera de algunos casos específicos, nuestro intento de industria no establecía ningún patrón o sistema de funcionamiento.

Para los años siguientes como 2012 y 2013, algunos directores como Carlos Reygadas y Fernando Eimbcke lograron importantes reconocimientos internacionales, pero fue justo en esa época en la que la incertidumbre se acrecentó.

¿Es la comedia la solución a la industria del cine mexicano?

En un contexto en el cual destacaba el trabajo de cineastas como Carlos Reygadas y Fernando Eimbcke, se encontró la fórmula que de manera infalible llevaría al público a las salas a ver cine mexicano: la comedia. Fue el éxito absoluto y consecutivo de Nosotros los nobles (Gary Alazraki, 2013) y No se aceptan devoluciones (Eugenio Derbez, 2017), la primera de una factura, por mucho, más rescatable que la segunda. El resultado, un cine redituable, aunque este se concentrara en no más de 10 películas de las alrededor de 145 que se producen actualmente por año en México.

Si miramos la lista de las cinco películas mexicanas más taquilleras de la historia, encontramos que todas fueron estrenadas justo en 2013 o después, y que solamente La dictadura perfecta (Luis Estrada, 2014) no es una comedia. De igual forma, al juntar el top cinco anual de 2016 y 2017, encontramos que de esas diez películas, solo La leyenda del chupacabras (Alberto Rodríguez, 2016) no es comedia. Ninguna de estas películas ha obtenido algún reconocimiento internacional o de la Academia.

En ese periodo Heli (Amat Escalante, 2013), Días de gracia (Everardo Gout, 2012) Los insólitos peces gato (Claudia Sainte–Luce, 2014),  La jaula de oro (Diego Quemada-Diez) y Después de Lucía (Michel Franco, 2012), dieron el banderazo para la constante presencia de películas mexicanas premiadas en los festivales internacionales más prestigiosos como Cannes, Venecia, Sundance, entre otros. Otras cintas como Tiempo compartido (Sebastian Hofmann, 2018), Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras, 2017), Tempestad (Tatiana Huezo, 2017), Las elegidas (David Pablos, 2015) Las hijas de abril (Michel Franco, 2017), La región salvaje (Amat Escalante, 2016) y bastantes etcéteras se han ido agregando a esa lista en los últimos cinco años.

Asimismo, para finales de 2012 se dio un hecho trascendental para el circuito de estas películas, que son las más impulsadas, reconocidas y premiadas por la Academia: la remodelación de la Cineteca Nacional. Esto, con la cada vez mayor influencia de medios digitales, hizo que de 600 mil espectadores que la Cineteca tuvo en su último año antes de la remodelación, se pasara a más de un millón en 2013. Aun así, este crecimiento resulta incomparable a los cerca de 25 millones de asistentes que sumaron No se aceptan devoluciones y Nosotros los nobles.

La brecha y la tendencia es clara: no existe ningún punto de encuentro entre el cine que la mayoría del público está viendo y el que tanto la Academia como buena parte de la crítica está reconociendo a diferencia de industrias como la  estadounidense, española, francesa, italiana y argentina existe esta separación, sin embargo, logran puntos de convergencia en la que “ambos cines” conviven. El ejemplo más claro es el Oscar, pues cuando una película triunfa, adquiere un valor extra y muchas veces tiene reestrenos, no sólo en Estados Unidos, incluso en México.

Así, tanto la Academia como el cine comercial han establecido sus objetivos sin ninguna intención de propiciar y generar condiciones que puedan converger con el fin de impulsar al menos la parte más reconocida del gran número de producciones que se realizan cada año en México. Por un lado, la Academia se ha preocupado por premiar un cine de gran calidad artística, sin tomar en cuenta la importancia de que el público lo conozca. Mientras, las películas pertenecientes a un circuito más comercial han puesto en primer plano una sola fórmula, que lejos buscar alguna propuesta cinematográfica se enfoca en generar y generar ganancias.

La conclusión es clara y no debemos confundirnos: no se trata que una película como La cuarta compañía, por el “simple” hecho de recibir 10 premios Ariel, deba ser amada por todo el público. Sencillamente, el sector cinematográfico no debería permitirse que su película más reconocida por el propio gremio, resulte totalmente inexistente para el público a casi un año de alzarse como la ganadora, y lo que es peor, que su premio más importante, el Ariel, también resulte inexistente, intrascendente e insipiente.

La idea no es tener adoración desbordada por íconos de nuestro cine como pasó con Pedro Infante o María Félix en los años en los que nació la Academia y fueron los dorados de nuestra industria. Simplemente se debe buscar que pueda existir un equilibrio entre nuestro cine de mayor calidad y el que vive en ese imaginario cultural y popular de los mexicanos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s