Titanes del Pacifico: la Insurrección | Crítica

 Por: Isaac Avila

Para las generaciones X y early Millennial fue muy fácil conectar con todas estas variantes del Tokusatzu y en especial con las Kaiju. Peleas fársicas con monstruos, máquinas y alienígenas gigantes que invariablemente (sea en series o películas) tienen la misma estructura, el camino del héroe (no importa su origen, muchas veces outsiders), los villanos de proporciones descomunales, la destrucción de las metrópolis y por supuesto, la gran arma secreta de los protagonistas o el protagonista en sí, como Godzilla (Honda, 1954).

De este último, además de todos los grandes aportes al subgénero comercial como el maravilloso Mechagodzilla (Fukuda, 1974), en la última década, con Godzilla (Edwards, 2014), abrió paso al regreso de estos universos compartidos de las batallas de grandes monstruos, la introducción de Kong (Vogt-Roberts, 2017) y el anunciadísmo crossover de las franqucias nos tiene como locos, o el regreso de los Power Rangers (Israelite, 2017) muy flojo por cierto, pero que llenó de emoción a los nostálgicos noventeros que nos chutamos varias de sus temporadas y claro, no podemos olvidar el grandioso regreso de Mazinger Z: Infinity (Shimizu, 2018), sin duda, uno de los más grandes en este género. Como adicional, mencionaré la serie de Voltron (Dos Santos et al., 2016) de la que próximamente hablaré a detalle, pero que se introduce en esta tendencia de revivir los Tokusatzu.

Nota: Claro que tendría que hablar la importancia que ha tenido la saga de Transformers (Bay, 2007) pero Michael la hizo explotar, literalmente. Pronto viene el spin off de Bumblebee con su versión Volks Wagen de antaño. Veremos qué tal queda con los cambios de dirección.

Pero hay que regresar un año, cuando en 2013 se lanzó Pacific Rim (Del Toro, 2013) un proyecto que debió ser Evangelion (Anno, 1995) pero que no se logró. Las similitudes son muy evidentes, la sincronización (en este caso entre personas porque sus Jaegers no son de un origen más divino como las Evas), la batalla con seres que aparentemente quieren acabar con la humanidad sólo porque son malos y necesitan recursos. Si bien la película está bastante decente y como he repetido, como espectador uno asiste a esas funciones para ver cómo se pelean unos monotes y ya, pero es labor de este espacio darle una analizada más profunda para ver sus aportes al arte, a la industria y cómo esto podría impactar en su taquilla.

El caso de Pacific Rim Uprising (DeKnight, 2018) es curioso. No tuvo la gran campaña de hype que es bastante común en los Blockbusters de los últimos años. ¿Podrá ser por la cantidad de estrenos geek de este año? Porque se enfrentará a Ready Player One (Spielberg, 2018), pero de eso hablamos la próxima semana que ya la hayamos disfrutado o no.

Bueno, el guión de esta película parece de escuela. Bien cuidado. Las curvas dramáticas se resuelven y hacen uso de los plantings muy bien, esto no los salva de los Deus que abundan porque así es esto de la fantasía, ¿o no? La historia se vuelve monótona y predecible, pero algo muy notorio fue la necesidad de conectar con públicos más jóvenes. La mitad de los protagonistas no pasa de los 20 años y al final es su participación la que ayuda a resolver el conflicto.

La dirección parece floja y las motivaciones de los personajes son ridículas, como si se tratase de justificar la acción militar de cierto país y el vacío existencial que provoca el sentirse único, aunque se esté identificado con una figura que, para bien o para mal, ha definido el camino que debería tomar cada uno.

La fotografía y los efectos especiales están cuidados al más mínimo detalle. Tiene secuencias de acción muy buenas pero que recaen en lo que ya habíamos visto muchas veces antes. El diseño sonoro es de calidad, pero se siente un poco aparte de lo que estamos viendo. No me pareció desastroso como en Black Panther (Coogler, 2018), pero es plano y nada memorable.

Si nos detenemos a ver la película, es un simple producto de fórmula que sirve para mover presupuestos. Se nota la pérdida de pasión que tuvo al no ser dirigida por Del Toro, una secuencia más para el olvido cuando lleguen los filmes más esperados del año. No es una pesadilla, seguro la pasarán bien al verla pero no es nada que recordaremos en algunos años.

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