The Florida Project: El white trash cool de Baker

Por: Irving Javier Martínez @IrvingJavierMtz

Bobby (Willem Dafoe) es administrador de un motel-condominio a las afueras de Disney World Resort, en California. En él vive Moonee (Brooklynn Prince) con Halley (Bria Vinaite), su joven madre desempleada. La niña y sus amigos se dedican el día entero a vagar por las calles. Después de incendiar unos departamentos, la “estabilidad” económica de la chica y su madre se desmorona estrepitosamente.

La irrupción de directores como Larry Clark y Harmony Korine en la escena indie estadounidense trajo consigo la fascinación por el white trash como estética cool (libre de crítica social y fábula edificante). Sin embargo, el intento de trasgresión en la moral “americana” sólo consistía en una sed de escándalo, sin aportaciones narrativas ni contundentes discursos sociales (recordar lo vacío del abordaje del VIH en KIDS).

Sean Baker es parte de esa última ola de apólogos de la miseria norteamericana; pero su cine tiene una profundidad y seriedad que los padres del estilo no desarrollaron. Con el boom de Tangerine, el director demostró un genuino interés por contar las historias de los desprotegidos, sin ambiciones de polémica fácil.

No obstante, el resultado del “activismo visual” supone una contrariedad: la anti-victimización del desprotegido ¿no cae en un cinismo de la criminalidad norteamericana? Aunque el “famoso” final filmado con iPhone sirve de autocensor (del tipo “la culpa es del sistema”), el resto del metraje jamás responsabiliza a Halley y Moonee de su condición social.

La “denuncia” de la pobreza en la América profunda hace que el filme cambie de enfoque arbitrariamente, al servicio del “mensaje”. Sin darnos cuenta, los problemas de Halley opacan el vandalismo de Monee. ¿En qué momento la madre se convirtió en protagonista?

Dulzura americana, el agridulce roadtrip

Una de las inconsistencias es la dirección de la trama. La película podría dividirse en dos: la primera en tono verista y desenfadado sobre el estilo de vida criminal de una banda de niños y la segunda, más convencional y aleccionadora, nos muestra el desesperado desenlace de Halley.

Lo anterior no tendría relevancia si no fuera por el cambio de tono en la película. Si inicias un largometraje como oda al slang y el desparpajo gringo, no des un golpe de timón para finalizar a lo Rosseta (1999) –con lágrimas incluidas–; eso convierte a la película en una fábula edificante.

El collage de anécdotas diluye la crítica social del desenlace; en parte, porque el conjunto de personajes carece de cohesión entre sí. En apariencia, cada rol pertenece a un universo diferente; personajes caricaturizados, como Bobby, conviven con criminales y gente común. Al final, las irrupciones de “realismo” se sienten inverosímiles y artificiosas (como la secuencia del hombre en el parque o el incidente de las pulseras).

No obstante, lo maquiavélico de la trama se pierde con los logros visuales. Aunque su principal atributo es el uso de la hiperpantalla, el éxito del estilo de Baker es la euforia por los 90. El filme reúne todos los elementos de la cultura indie, en estricto sentido: trama ligera, personajes cotidianos, ruptura narrativa, compromiso social, producción mínima, etc.

Podría tratarse de una película menor; sin embargo, el choque de lo amateur y underground con el preciosismo de los escenarios rosados la salva de la pretenciosidad de proyectos como Lady Bird (que se aproximan al neocostumbrismo vacío).

A diferencia de Tangerine, el estilo de The Florida Project es más controlado y sesudo, aunque eso pasa factura al ritmo del metraje (bastante lento y pausado durante la primera hora). Baker llena los vacíos con bellas tomas abiertas del paisaje urbano, que permiten a los personajes interactuar con el entorno.

Es un filme de referencia forzada (porque sintetiza las características del cine contemporáneo). Lo destacable del trabajo de Baker es el crecimiento de su manejo del lenguaje cinematográfico (si se compara con proyectos previos). Si su filmografía continúa in crescendo, en unos años tendremos una indiscutible obra maestra firmada por él.

 

 

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