Frantz, acartonada y hollywoodense

Por: Rafael Ramírez III

François Ozon es uno de los directores franceses más activos y creativos actualmente, a sus cincuenta años ha dirigido casi una veintena de largometrajes y desde finales de los noventa, ha cumplido casi ininterrumpidamente el objetivo de filmar una película al año.

El cineasta parisino, en la última década, ha abordado temáticas que podrían considerarse controversiales (aunque no necesariamente lo ha hecho de la mejor manera). Tenemos el caso de Jeune & Jolie (2013), sobre la creciente ninfomanía de una jovencilla que se transforma en prostitución, o Dans la maison (2012), sobre el cortejo de un joven estudiante a la esposa de su profesor a través de sus clases de literatura, que deviene en una especie de pedofilia por parte de la cónyuge y el alumno.

Ozon, además de todo, no duda en homenajear, a veces cínicamente, a todo el historial de cineastas franceses que nos ha dado la historia, destáquense Godard y Buñuel (de nacimiento español pero nacionalizado, tanto legal como cinematográficamente, francés).

En Frantz (2016), Ozon adapta la película Broken Lullaby (1932) de Ernst Lubitsch, que a su vez es la adaptación de una obra de Maurice Rostand, una historia que se desarrolla justo al terminar la Primera Guerra Mundial, en la que un soldado francés viaja a Alemania a visitar a la familia de un soldado alemán al que le quitó la vida durante la guerra, buscando su perdón. En tal visita se construye una relación sentimental entre el personaje francés y la prometida del hombre al que asesinó.

Más allá de dicha relación emocional, la película se enfoca en las distintas dolencias derivadas de la guerra; la cual, una vez terminada y dejando de lado el impuesto patriotismo psicológico y la xenofobia, pone al descubierto lo insensata e inhumana que es y que debajo de un traje de distintos colores y con distintas banderas e insignias, se encuentran seres humanos, con familias, con historias detrás, con padres, madres y prometidas, con profesiones, gustos e intereses.

Frantz es el nombre del soldado alemán, prometido de Anna (Paula Beer) y herido de bala por Adrien Rivoire (Pierre Niney), quien tras el homicidio, encuentra en el uniforme de Frantz una carta de despedida para Anna, y de ahí su creciente dolor, culpa e interés por conocer a quienes le ha arrebatado a un ser amado.

Destáquese que el hecho de que Ozon, un director francés, adapte el filme anti-bélico de Lubitsch, un director alemán, quien adaptase una obra de Rostand, un dramaturgo francés, es una forma más de homenajear esa tregua, de constituir ese tratado de paz, de perdón y de respeto que puede generar el cine.

Lamentablemente, aun con lo llamativo de la trama y la fructífera temática, la película no consigue la magnitud necesaria. En primer lugar, culpa de un tratamiento del tema que con todos los intentos de Ozon, no consigue representar el dramatismo con suficiente seriedad y solemnidad ante el tema de la guerra. Tanto las acciones y reacciones de la pareja protagonista, como las de los familiares de Frantz y de Adrien, decaen en un estado de cursilería y melosidad que impiden la sobriedad necesaria en cuanto al estado anímico.

Pierre y Paula aciertan en contar con el aspecto físico preciso para sus distintos roles (el uno, actor francés, la otra, actriz alemana) y en tener cierto encanto en pantalla, pero desaciertan en tener actuaciones artificiales, sobreimpuestas que se perciben infantiles, como si se tratada de un filme para niños. Aunque la trama no es predecible, sí lo son para las reacciones de cada uno de los personajes.

La dirección de fotografía, a cargo de Pascal Marti, es correctísima, retratando en su mayoría en blanco y negro, salvo algunas escenas (cuando se dan muestras de cariño o de esperanza) donde hace uso del color. Y tanto la selección de locaciones como el diseño de arte son muy apropiados para las intenciones de la película. Sin embargo no logra salvar a Frantz de esa sensación acartonada y artificial, culpa también de una banda sonora a cargo de Philippe Rombi, que contribuye a crear ese ambiente Hollywoodense que no cuida y respeta el mood que la temática demanda.

Desgraciadamente estos son los errores recurrentes en la filmografía de Ozon, lo cual lo coloca como un director creativo y constante, que hace películas aceptables y entretenidas, pero quien nunca despuntará como uno de los grandes de la cinematografía francesa. Calificación 3.5/5

 

 

Director: François Ozon.

Guion: François Ozon, Philippe Piazzo, Ernst Lubitsch, Maurice Rostand.

Reparto: Pierre Niney, Paula Beer.

Cinematografía: Pascal Marti.

Música: Philippe Rombi.

Año: 2016.

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