Alice Guy, la huella oculta en la historia del cine

Por: Alain Donaldo 

La vida es tan corta que siempre hemos buscado la manera de dejar una huella de nuestra existencia. Lo hicieron los cavernícolas con las pinturas rupestres; los egipcios con sus grandes pirámides; y lo hacemos ahora nosotros a través de diferentes labores: publicando libros, realizando pinturas, tomando fotografías, produciendo películas.

Al dejar una huella, queremos de alguna u otra forma seguir viviendo. Buscamos decirles a los demás que alguna vez que pisamos la misma tierra que ahora pisan ellos.

Una mujer que dejó una gran huella en el mundo del cine fue Alice Guy Blaché. Cineasta galardonada con la Legión de Honor en 1955 y que aun con ello, fue borrada de la historia del séptimo arte.

A la edad de 21 años empezó a trabajar con León Gaumont en su estudio fotográfico, lo que le permitió estar en la presentación del cinematógrafo de los hermanos Lumiere en marzo de 1895. Fue ahí en donde Alice Guy se dio cuenta del gran potencial del cinematógrafo, pues mientras todos (incluidos los hermanos Lumiere y su jefe, Gaumont) lo veían como un medio para ganar dinero, ella lo veía como un instrumento que podía ser utilizado para contar historias. Fue así como nació el cine que hasta hoy disfrutamos.

Un año después, en abril de 1896 dirigió su primer filme: El Hada de las Coles, en el que se plasma que los niños nacen de las coles y las niñas de las rosas. Es importante señalar que esta película fue la primera en introducir elementos para contar una historia.

Con una mentalidad progresista, en 1912 dirigió la primera película con actores negros A fool and his money. En esta producción rompe con los estereotipos de su época y en vez de presentar a los negros como esclavos, los lleva a la pantalla como una familia de clase media.

Alice Guy vivió 94 años y produjo casi mil rodajes que por sus características hoy podríamos clasificarlos en los diversos géneros cinematográficos. Así, en la variedad de su propuesta, sus filmes siempre tuvieron algo qué decir, transmitían emociones y sentimientos, comunicaban.

Aunque hizo un sinfín de rodajes, se le negó la autoría de sus obras simplemente por ser mujer. Los últimos 30 años de su vida los dedicó a buscar las películas que había hecho, ya que la mayoría se había perdido.

Alice Guy Blaché pasó a la historia del cine como la “posible amante de Gaumont”, sin el reconocimiento ni el mérito que se merecía.

Es hasta nuestros días que se le está dando el reconocimiento adecuado, inscribiendo su nombre en las páginas de la historia del cine, de donde nunca tuvo que salir. Aunque tal vez este reconocimiento llegue tarde, pues ya no podrá disfrutar de él.

Aun con ello nadie podrá borrar de nueva cuenta su huella en la historia de la cinematografía. Desde ahora estará a la altura de grandes próceres del cine como los hermanos Lumiere o Georges Méliès.

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