El seductor, el suspense inesperado

Por: Stephanie Valdés Govantes

“No hay nada más aterrador que una mujer asustada con un arma”
Srita. Martha

El apellido Coppola dentro de la industria cinematográfica ha sido reconocido y respetado
gracias al legado que dejó uno de los cineastas más importantes en la historia.

American Zoetrope, productora fundada en 1969 por Francis, está a cargo de la realización
de esta nueva cinta por la que Sofía Coppola obtuvo el León de Oro en el Festival de Cine de
Venecia 2017.

Se encuentra dentro de las realizaciones destacables de este post verano y sin duda una de las mejores películas en lo que va del 2017 y que aún podemos encontrar.

Una joya del suspense en la que Sofía explora una vez más la psique femenina; definitivamente lo hace de una manera extraordinaria, no importa la época que atienda, ella sabe con precisión de lo que habla, conoce a sus personajes porque se conoce a sí misma, habla de las mujeres desde su configuración como mujer, no traiciona la objetividad ni la subjetividad de sus personajes.

Los estímulos externos e internos son motores para que la trama siga avanzando y sus
protagonistas se enfrenten con ellos mismos y contra aquello que les amenaza.

La sutileza para abrirse camino en medio de la historia está determinada por toda la atmósfera que crea desde el diseño de producción, la fotografía y el diseño del vestuario que están relacionados y entrelazados para deambular por los pasillos del suspenso.

Sofía prepara todas las condiciones necesarias para llegar a aquellos abismos de los que cualquiera en las situaciones específicas es capaz de caer, para demostrarnos que podemos actuar de diferentes maneras ante diferentes estímulos.

La guerra de secesión está en marcha, un soldado moribundo es encontrado por una niña
en medio del bosque; la pequeña, desde su inocencia decide llevarlo hasta su escuela
donde solo viven mujeres para que sea curado.

Las mujeres que habitan la escuela, representan diferentes etapas de la vida, desde la más
pequeña llamada Amy (Oouna Lorence) como símbolo de inocencia, mientras que la
adolescente Alicia (Elle Fanning) que intenta y busca descubrir su sexualidad dentro de su
aislamiento, hasta la más adulta, la señorita Martha (Nicole Kidman), a cargo de todo el
grupo que representa el poder, la fuerza y una guía para las demás.

Tras la llegada del cabo Mcburney (Colin Farrell) al recinto de las mujeres, el ambiente
cambia considerablemente, su presencia enciende las hormonas femeninas y la sutileza de
los personajes por sobresalir del grupo se hacen presentes, el comportamiento de las
féminas comienza a cambiar, se arreglan, sonríen más y todas quieren atender al soldado.

La encargada de la casa (Nicole Kidman) siempre con pose rígida, controla sus impulsos y
decide cuidar al cabo, para dejar que se vaya en cuanto se recupere. McBurney cómodo con todas las atenciones y cuidados que le dan, no quiere que llegue el momento para irse.

Las relaciones se tornan tensas entre las habitantes de la casa y un despertar sexual
modifica drásticamente el ambiente. La crisis comienza y la paranoia no se hace esperar, el
declive anímico del cabo, amenaza a toda la casa.

El aislamiento, la situación política y social, irrumpen en el bienestar psicológico de las
protagonistas hasta el punto de convertirse ellas mismas en un peligro potencial.

Sin duda el elemento más sobresaliente es el cast, el tono y los altibajos emocionales son llevados a los niveles en donde deben estar, ni más ni menos. Su cambio en la personalidad inunda la pantalla y el espectador comparte su sentir y su paranoia.

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