La bella respuesta a las bestialidades cinematográficas

Por: Rafael Ramírez III

(Con spoilers)

Comenzaba el 2010 y la Walt Disney Picture Company tomaba la arriesgada decisión de producir una nueva versión de la historia de La Bella Y La Bestia. El reto consistía en crear una película “live action” de su versión musical de 1991.

Disney tenía muchos factores en su contra: más de 20 adaptaciones distintas, tanto cinematográficas como televisivas de la historia original de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve (un cuento escrito en 1771); incluyendo la versión de Jean Cocteau de 1946, que fue magníficamente innovadora para su época (diversos efectos visuales y sonoros, técnicas escenográficas y un cuidadoso maquillaje), la versión checa, Panna A Netvor del director  (gótica, más oscura y grotesca), la más reciente versión francesa del 2014 dirigida por Christophe Gans (que pese a no ser del gusto absoluto de la crítica y la audiencia, fue más apegada a la historia original y contó con una animación muy bien trabajada, además del protagonismo de dos de los más grandes actores de Francia actualmente: Vincent Cassel y Léa Seydoux); y también, lógicamente, la propia versión animada de Disney, un éxito rotundo (la primera película animada en ser nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscar) y que ha tenido más de veinte años para darse a conocer y ganarse el cariño de generaciones enteras.

Por si esto fuera poco, a Disney se le sumaba el inconveniente del inminente repudio de la crítica y el innegable desprecio por parte del público, de las recientes adaptaciones “live action” o secuelas de las aclamadas versiones animadas y musicales, tal es el caso de Maléfica (Robert Stromger, 2014), Cinderella (Kenneth Branagh, 2015) Alice Through the Looking Glass (Tim Burton, 2016), e incluso,  El Libro de la Selva (Jon Favreau, 2016), que aun con su sorprendente animación fue percibida de manera insípida por la audiencia. Después de enlistar estos factores, el panorama pinta desolador… sin embargo el resultado fue exquisito, ¿cómo lo lograron?

En 2014 Bill Condon firmó contrato con Walt Disney Picture Company para dirigir la película. El neoyorkino de 62 años que ganó el Oscar de Mejor Guión Adaptado por Gods And Monsters (1998), dirigió Dreamers (2006) y, lo que más nos atañe para este propósito, escribió la adaptación cinematográfica del musical Chicago (Rob Marshall, 2002) basado en la obra de Maurine Dallas Watkins, creando la base de un filme eufórico, enigmático y de ritmo maravilloso, que se alzó con seis premios Oscar y otros 49 galardones alrededor del mundo. Con este trasfondo, Condon parecía ser el cineasta ideal.

El primer acierto de Condon fue aprobar una historia –una reescritura del guion- que respeta delicadamente la versión animada de 1991 pero complementada con algunas oportunas variaciones.

Si se puede poner en cifras, el 75% de la trama es exactamente igual a la animada, hay un 20% que consiste el algunas variaciones que llegan incluso a corregir huecos o errores de la versión animada. Un 5% del filme es un cúmulo de chistes nuevos quizá forzados, pero que a fin de cuentas cumplen con su propósito de hacer reír a la audiencia y no desvían la atención ni la emoción. Nótese la inclusión de personajes afroamericanos y homosexuales. La Bella Y La Bestia dejará gratamente satisfechos a quienes esperan un respeto y cuidado hacia la versión de 1991, pero también otorgará elementos que satisfarán a aquellos que buscan algo innovador.

Un punto vital se encuentra en el impecable soundtrack. Bill Condon llamó a Alan Menken, el compositor original de 1991, quien hizo arreglos a las viejas canciones conocidas y, además, incluyó cuatro nuevas. El resultado: arreglos maravillosos, la inclusión del clavicordio en casi todos los temas, así como de acordeón y otros instrumentos, hacen que todo se sienta fresco. Los nuevos temas están colocados estratégicamente para sorprender positivamente a la audiencia y son presentados paulatinamente, es decir, las primeras dos canciones tienen una duración corta y las otras dos son más extensas. Estos arreglos instrumentales convergen perfectamente con las voces.

Por cierto, la voz de Emma Watson es una exquisita sorpresa que se acopla perfectamente con el ritmo, tono de las canciones y con eel personaje. Más allá de las necesarias y comunes modificaciones, así como arreglos a su voz, Emma demuestra tener un talento nato que aún no ha sido explotado. Diferénciese de su homónima amiga Stone, cuya voz no pudiera acotar correctamente un solo falsete en La La Land.

Hablando taxativamente de las actuaciones, Emma Watson hace un buen trabajo, aunque nada demasiado sorprendente, sus risas y llantos son correctos, sin exageraciones ni atenuantes. Ha sido duramente criticada por sus detractores, sin embargo, en ciertos momentos demuestra intachablemente sus capacidades actorales. Por su parte, Dan Stevens despunta con la correcta ejecución de un personaje que demuestra euforia y cólera tanto como cariño y ternura. El disfraz a su rostro no esconde su expresión y la correcta modulación de su voz.

Las demás actuaciones son acertadas dentro de un filme que presume ser para un público infantil y juvenil. Un dato curioso es que Ian McKellen fue excluido de la versión de 1991 para el mismo personaje, “Din Don”, pero se ha retomado para esta versión. Un gran acierto de Condon es el elegir un reparto mayoritariamente británico, no contaminando la gracia y elegancia del relato, ni imponiendo actores demasiado reconocidos.

Si se habla de La Bella Y La Bestia del 2017 se deben destacar tres puntos fundamentales: la animación, la escenografía y el vestuario. Sobre la escenografía y el diseño de arte, no nos sorprendamos si en 2018 vemos a sus diseñadores ganar un Oscar. La villa en su totalidad y el castillo (exteriores e interiores) están esmeradamente diseñados en su afán por reflejar la Edad Moderna de Francia. El vestuario, diseñado por Jacqueline Durran (encargada del diseño para Atonement, Anna Karenina, Pride And Prejudice, del director Joe Wright), es otro complemento perfecto para reflejar la época, se recalca la variedad de colores y texturas.

La animación, tanto de La Bestia como de los muebles y objetos, resulta intachable, con un sinfín de detalles y ornamentaciones. Sobre el rostro de La Bestia se ha discutido mucho y se ha reprochado que luce demasiado “humano”; al final, podemos decir que, en efecto, es un rostro de características más humanas que el de la versión animada, pero cumple con el propósito de adecuarse a las facciones del actor Dan Stevens, denotando la galantería y ternuras necesarias del personaje. La fotografía de Tobias A. Schliessler también es impecable.

La Bella Y La Bestia es una bella respuesta a las bestialidades cinematográficas que se han hecho recientemente en cuanto al remake y el live action se refiere. Demuestra que se puede recrear una historia respetando su esencia, y al mismo tiempo conceder nuevos elementos que no la perjudiquen, sino por el contrario, le den fuerza. Además, da una lección de cómo usando asertivamente elementos cinematográficos como la música, los efectos visuales o la escenografía, se puede revitalizar una historia que vuelva a emocionar al espectador añoso, pero que conmueva y atrape al espectador nuevo.

Este filme nos enseña que la fuerza de un musical está en el guion pero que también es menester elegir a los interpretes musicales con cuidado. Que vale más una actuación y voz de calidad que un rostro bello o una gran fama. Que al género musical se le debe de respetar y, en un filme, se pule capa a capa.

También nos deja la lección que quizá el error de películas live action como Alice Through The Glass o Cinderella, o incluso secuelas como Logan o T2 Trainspotting es que no se pueden sostener por sí mismas, que exigen al espectador conocimiento (a veces absoluto) de sus respectivas precuelas o versiones originales, y que, sin tal referencia, la película se siente vacía, gris o es totalmente inentendible.

La Bella Y La Bestia, se sostiene por sí misma y cualquier espectador, conozca o no las versiones anteriores, puede entenderla y disfrutarla. Calificación: 4/5.

Trailer: 

 

Ficha técnica

Director: Bill Condon

Productor: Todd Lieberman, David Hoberman.

Guion:  Stephen Chbosky, Evan Spiliotopoulos (basados en la obra de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve)

Dirección de fotografía: Tobias A. Schliessler.

Reparto:  Emma Watson, Dan Stevens,  Luke Evans.

Edición:  Virginia Katz .

Música:  Alan Menken .

País: Estados Unidos.

Año: 2017

 

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