Silencio… En la sala

Por: Rafael Ramírez III

 

Silence (Dir. Martin Scorsese, 2016)

Portugal, 1640. A un seminario jesuita ha llegado la que será la última carta de un sacerdote de dicha institución: el Padre Ferreira (Liam Neeson), quién partió como misionero a Japón. En su carta, Ferreira relata cómo todos aquellos que profesan la religión cristiana – en lugar de la budista – son perseguidos y muchas veces aniquilados. El Padre cuenta también de las horrorosas torturas a las que son sometidos los sacerdotes jesuitas que son descubiertos.

Alarmados por las nulas nuevas noticias del Padre Ferreira, dos de sus pupilos y mayores admiradores, los jóvenes Padre Rodrigues (Andrew Garfield) y Padre Garupe (Adam Driver), deciden ir a tierras niponas en una misión, extremadamente riesgosa, de búsqueda y rescate.

Silencio nos muestra en espacio de casi tres horas las vivencias de los dos jóvenes sacerdotes en Japón: su llegada a la isla, su encuentro con los primeros fanáticos religiosos cristianos japoneses, a quienes suministran de oraciones calmantes, abastecen de misas cristianas, provisionan el “sacramento de la reconciliación” por medio de la confesión, y dotan de paz a los pequeños poblados que recorren. Mientras tanto serán testigos de las torturas, homicidios y humillaciones por parte de los agentes budistas a los pobladores, de quienes sospechan son cristianos, o a los que descubren serlo.

Padre Rodrigues, quien en diversas ocasiones será motivado a rechazar sus creencias a cambio de salvar a los pobladores cristianos, asistirá con dolor la muerte de su compañero y amigo Padre Garupe al este no poder cometer apostasía para salvar a un grupo de cristianos.

Finalmente, Rodrigues será llevado a un templo donde encontrará a Padre Ferreira convertido en budista, con el nuevo nombre de Sawano Chūan, quien se ha alejado de la profesión del cristianismo y quien le cuenta de lo mucho que ha aprendido de la cultura japonesa, de su forma de vida y de su religión; y le mostrará el cómo aferrarse a su religión es un acto egoísta que sólo acarrea desgracias para el pueblo.

Acertadamente, en un momento de la Historia en el que la discriminación, la violencia y las injusticias con motivo de diferencias religiosas siguen latentes en nuestro acontecer social y político, Martin Scorsese trae a las pantallas esta historia sobre el uso de actos violentos con excusa religiosa, la inutilidad y esterilidad del fanatismo religioso y la importancia del conocimiento real y noble de las culturas ajenas.

Scorsese filma con la fotografía precisa y correcta (aunque nada fuera de lo normal) del mexicano Rodrigo Prieto: una vasta historia japonesa pero sin la “epicidad” y las maravillosas coreografías de Kurosawa; un forma occidental de retratar al oriente, pero sin la gracia y elegancia de Bertolucci; una historia sobre el cuestionamiento sobre Dios y su silencio, pero sin la profundidad filosófica de Bergman; y un relato sobre lo místico y lo espiritual por encima de lo religioso, pero sin la profundidad moral de Dreyer. Una película de Scorsese sin el ritmo atrapante, la buena dirección de actores y la acertada manipulación de emociones que manejara en filmes como La Última Tentación de Cristo (1988).

El filme se siente lento y extremadamente extenso, un desacierto es el aleatorio e injustificado humor (voluntario o involuntario) que se presenta durante casi toda la película y que distrae del estado anímico necesario. El público rompe en risas durante la proyección y luego entonces le es difícil regresar a la seriedad que merece la trama.

El trabajo de Andrew Garfield es bastante menor que el de Adam Driver. El personaje parece quedarle muy grande a Garfield y no logra conectar con el público. Su rostro, su voz y su forma de actuar (casi infantiles) hacen que cueste trabajo verlo como otra cosa que como un star-boy de Hollywood, rasgos tales que justamente benefician y dan credibilidad a Driver. Buena, dentro de sus posibilidades, la actuación de Liam Neeson, que se ha posicionado como uno de los actores más respetados de Norteamérica.

Parece justo que, a excepción del tema de la fotografía, Silencio haya sido ignorada sin pena ni gloria por la reciente edición de los Premios Oscar. Es una lástima que al ser una obra tan difícil de ser realizada para Scorsese, al tener tantas dificultades en su planeación, preproducción y producción, el resultado sea decepcionante.

Calificación:

3/5

Trailer:

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