Un enfant terrible, un film terrible

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“Voici le temps des assassins.”

Arthur Rimbaud

Por: Citlalli Vargas Contreras

Algo de lo que más preocupaba al joven poeta Arthur Rimbaud era la eternidad. Sus constantes intentos por alcanzarla se ven reflejados no sólo en su poesía, sino también en su ardiente deseo de volverse vidente, de sentirlo todo, de verlo todo, de escribirlo todo, de ser la estrella más brillante y permanecer por siempre en el firmamento, y aunque hasta las estrellas se apagan en algún momento, la luz de la poesía de Rimbaud aún resplandece en los corazones de más de uno.

2meuiuga1rc59yl55q2a1nknsflY es que pocos personajes han destacado como Arthur, quien comenzó a traducir poemas del latín y a escribirlos con tan sólo con 13 años, demostrando la lucidez y elocuencia que se mantendría con él durante toda su carrera poética y que luego se convertiría en su locura. Su actitud de enfant terrible, siempre atribulado por la carga religiosa que su madre le heredó; sus fervientes deseos de reinventar el amor y la poesía; sus tendencias homosexuales; sus iluminaciones y su temporada en el infierno, lo han vuelto una leyenda que, aún en nuestros tiempos, cuesta comprender.

total-eclipse-1A Hollywood siempre le han gustado los personajes así, malditos pero lo suficientemente encantadores para que las audiencias los ame. Es por eso que en 1995, Christopher Hampton, estudioso de la vida de Rimbaud, escribió el guión de Total Eclipse, película dirigida por Agnieszka Holland.

La cinta se centra principalmente en la relación que Arthur (Leonardo DiCaprio) vivió con el poeta Paul Verlaine (David Thewlis), un romance tórrido, lleno de pasión, ambos pertenecientes al movimiento simbolista, y narra desde el primer encuentro que tienen ambos hasta la muerte de Rimbaud, pasando por el auge creativo que los poetas vivieron durante esta etapa.

29c929b514970735b1405f6a729310cfe8dc165fAunque la interpretación de DiCaprio recupera la actitud rockstar del poeta, el Rimbaud de la cinta sólo se queda como un muchacho berrinchudo y altanero, sin explorar a profundidad la verdadera psicología del personaje y las razones que lo llevan a comportarse de otra manera. Así, se exageran las conductas pero de una manera banal que cae en los lugares comunes de un simple colegial rebelde.

Al final, la película podría ser tan sólo el relato de época de un romance homosexual más que una biopic de los escritores: el ámbito poético queda absolutamente de lado y ni siquiera se profundiza el porqué existe una atracción tan grande y trágica entre Rimbaud y Verlaine. Sin duda, el cine les ha quedado a deber mucho a los simbolistas.

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