La magia de Pink Floyd en el séptimo arte

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Por: Sebastián Ortiz Casasola 

Quizás Pink Floyd fue la banda más interesante y propositiva desde su debut en 1967 con Piper Of The Gates Of Dawn hasta su última placa, The Final Cut. Al interpretar los aspectos más oscuros de la vida humana, desde la concepción del tiempo hasta la locura provocada por las drogas, su influencia en el cine era inevitable.

more-fotoEl primer acercamiento fue en la película More (1969) del francés Barbet Schroeder, quien pidió a la agrupación realizar la música para un filme que retrató el erotismo, la sexualidad libre y el uso indiscriminado de drogas, temáticas que no se abordaban abiertamente en aquella época.

More incluye piezas de rock psicodélico, baladas folk, además, destaca el acercamiento de la banda al rock progresivo, el cual marcaría el desarrollo de sus siguientes discos. La obra es considerada de culto tanto por la temática como por la música.

Para 1970, Roger Waters, Nick Mason, Richard Wright y David Gilmour fueron elegidos para contribuir en Zabriskie Point del italiano Michelangelo Antonioni, en la cual comparten tracks con Jerry Garcia, Jim Morrison y The Rolling Stones. Aunque es considerada como una de las peores películas de todos los tiempos, la música es una joya por la mezcla de dichas agrupaciones y por los tracks inéditos de Pink Floyd o regrabaciones de conocidos como Careful with That Axe, Eugene.

Dos años después, bajo la dirección de Adrian Maben y el anfiteatro en ruinas de Pompeya como escenario, la banda fue filmada mientras interpretaba Echoes en dos partes, One of These Days y A Saucerful of Secrets. El resultado es un filme musical épico en el que el espectador no requiere de más locaciones para realizar un viaje a sus dudas y reflexiones sobre la decadencia, la existencia y el otro. Es una invitación a repensar el lugar del individuo en el espacio, en un lugar en ruinas, pero que existe, como probablemente se haya el propio interior de quien lo escucha. pompeya

Otro capítulo que es necesario mencionar, es el ocurrido con el cineasta Alejandro Jodorowsky. Mientras el chileno estaba en la pre producción de Dune, el cual consideraba el proyecto cinematográfico más ambicioso de ciencia ficción en la historia, buscó a la banda más pacheca del momento y el resultado fue Pink Floyd, quienes en ese momento grababan el disco conceptual The Dark Side of the Moon.

La anécdota cuenta que en los estudios Abbey Road, Jodorowsky visitó a la banda para invitarlos a dirigir una súper banda de rock progresivo y crear el soundtrack de tan grande empresa. El director chileno entró en el momento en el que el grupo saciaba su hambre y no tuvieron reparo en atenderlo. Ofendido por este acto, Jodorowsky se retiró al ver que Pink Floyd no le tenía el respeto a su obra y la magnitud de ésta. Después de reconocerlo, fueron por él y acordaron la realización, así como seleccionar los tracks de otras bandas tales como Gong y Magma. Después, todos sabrían que Dune, que sería dirigida por Jodorowsky, nunca se realizaría.

Para 1979 con el éxito de discos como The Dark Side of the Moon o Animals, la banda crea otro álbum conceptual: The Wall, que sería todo un éxito y que llamaría la atención del director Alan Parker para la realización de un filme homónimo. En él se representa la metáfora de un muro que rodea a Pink, el protagonista que se sumerge en las drogas y trata de romper lo que él mismo creó. El éxito de la película fue paralelo al del doble álbum, haciendo que la banda lograra una gira mundial con un espectáculo en vivo nunca antes visto.

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Hasta aquí, el paso de esta gran banda por varios momentos en el cine ha sido principalmente en la realización musical, tal y como se esperaría. Pero hay algo que destaca y va más allá de las decisiones de un director o de la planeación de un disco, y me refiero a la sincronización de música y películas.

En la década de los noventa a alguien se le ocurrió empatar el disco The Dark Side of the Moon con la película The Wizard of Oz (1939); las instrucciones para lograr una perfecta sincronización fue reproducir el disco a partir del tercer rugido del león de la MGM. La experiencia en The Wizard of Oz es inquietante, ya que no se esperaba que dos obras con tantos años de separación tuvieran una sincronía de esa magnitud. Bien pudo pensarse que el álbum más conocido de la banda se hizo para musicalizar directamente el filme, especialmente en el caso de The Great Gig in the Sky. 

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También cabe mencionar que fans hicieron un corte de la película de 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968) con música de varios discos de Pink Floyd. Sobresalen los últimos 23 minutos desde Jupiter and Beyond con la canción de la misma duración: Echoes, del disco Meddle. En episodios más recientes encontramos la sincronización con Wall-E, la cual nombran como Another Brick In The WallE.

Este es el paso por el séptimo arte de la banda musical que revolucionó el rock a partir de los años sesenta, que con melodías nos trasladó a escenarios que nadie nos había mostrado, en los cuales nos cuestionamos sobre lo que parecía absoluto: el tiempo, el otro y el universo.

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