Gabriel Figueroa: El expresionista del blanco y negro

Por: Luis Zenil Castro

“El color es el opio del pueblo.”

Ricardo Aronovich

Cinta de 35mm, calibrar obturador, medir iris, estabilizar el horizonte, emplazar la luz y seleccionar el encuadre… a rodar película. Por mencionar números, Gabriel Figueroa probablemente repitió este proceso más de 80 veces en cada una de las 195 películas que realizó formalmente desde 1932 hasta 1984. Algunas ocasiones se apoyaba de filtros para contrastar los cielos, y otras tantas resaltaba el volumen en las imágenes para diferenciar los colores que no se percibían en el blanco y negro. Había personajes del momento como Gabriel Figueroa y Akira Kurosawa que consideraban el blanco y negro como su signatura.

Tomamos una soberbia porción de sus cintas colaborando con cinco cineastas emblemáticos de la época, intercalando comentarios en los que cinefotógrafos actuales exaltan y alaban su labor como fotógrafo.

La Perla (Emilio Fernández, 1945)

Muestra un espléndido tratamiento en sepia que funciona para el ambiente y ayuda a la historia con creces. Brillantes planos generales del cielo encapotado en un lugar donde una familia puede cambiar radicalmente sus vidas cuando un pescador (interpretado por el magistral Pedro Armendariz) encuentra una gran perla. Con la fotografía de Gabriel Figueroa y la dirección de Emilio Indio Fernández, La Perla es considerada una gran película de la época del cine de oro en México.

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“El cielo es espectacular, hay una fuerza proveniente del cielo en la nubes, en el trabajo de Figueroa que es increíble”.

Philippe Rousselot. Cinefotógrafo de Tim Burton, Guy Ritchie, Neil Jordan.

El fugitivo (John Ford, 1947)

Policías anticatólicos en el estado mexicano de Tabasco lideran un revolucionario gobierno para perseguir a los últimos personajes del poder sacerdotal. La fotografía es un verdadero trabajo magistral de luces, sombras, brillos y oscuridad. Primeros planos de rostros distorsionados por la angustia y halos de figuras parecidos a estatuas de una iglesia. En su primera colaboración con un director norteamericano, Figueroa y Dolores del Rio brillan en un relato ejemplar sobre la duda al sacrificio, la cobardía y la moral. Un bello tributo a la Novela de Graham Greene The Power and the Glory.

7B. El fugitivo

“Su belleza su tratamiento con el blanco y negro es tan delicado. Solamente pensar en alguna de sus imágenes e inmediatamente hay algo que me dice que este sujeto es un maestro”.

Anthony Dod Mantle. Cinefotógrafo de Danny Boyle, Lars Von Trier.

El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1954)

La trágica temática surrealista y de terror metafísico de Buñuel transforma la fotografía de Figueroa en un lúgubre pasadizo. Un grupo de relucientes personas sufre una negada pero natural metamorfosis, a partir de múltiples y extraños acontecimientos, culminando en una hecatombe de las clases sociales a la Buñuel. Silvia Pinal, que interpreta a una mujer que no puede salir de la mansión por una situación desconocida, es uno de los personajes emblemáticos de esta cinta.

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“Nunca vi un rostro mal iluminado en ninguna de sus películas, siempre hay una meticulosa atención casi religiosa casi fanática en sus retratos, la cual explota para narrar sus cintas. Su blanco y negro luce como una sábana, esa emoción hace que parezca que los colores salen, como el azul o purpura oscuro en una atmosfera que provoca mareo”.

Darius Khondji, cinefotógrafo de David Fincher, Michael Haneke, Jean Pierre Jeunet, Stephen Frears.

Macario (Roberto Gavaldón, 1960)

El pobre, hambriento y complaciente Macario sólo espera por un buen banquete en el día de los muertos. Después de que su esposa cocina un pavo unicamente para él, conoce a tres misteriosas personas: el Mal, el Bien y la Muerte. Cada uno a su forma le pide que comparta el aperitivo, solamente aceptando con la intempestiva Muerte. A cambio de esto la Muerte le obsequia un antídoto para prolongar la vida, el cual convierte a Macario en hombre más necesario que el doctor de la aldea, lo que llama la atención de una miedosa inquisición. El tono melancólico de claroscuros y la escena de la catacumba, precursora de Barry Lyndon, sin querer serlo. Junto con Roberto Gavaldón, Figueroa realiza una de las joyas por excelencia de la historia del cine mexicano, y por qué no, también internacional.

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Siempre definido por la atención que tenía para cuidar sus imágenes, su excelso manejo de los tonos, inspirado por el movimiento muralista de David Alfaro Siqueiros. Una visión única, del paisaje mexicano, y después, primeros planos de María Felix, Dolores del Rio y Pedro Armendáriz que pasaron a la historia de la cinematografía como las imágenes más icónicas del cine de oro.

“Fue un instante de magia y de juego, cuando además comprendí que tenía que pensar a una velocidad tremenda para imaginar el resultado tomando en cuenta qué elemento iría en primer término para considerar su perspectiva y composición y así buscar conformar una obra artística.”

Gabriel Figueroa

 

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