La hipnosis de la Serpiente

Por: Luis Zenil Castro

La búsqueda de un turista alemán que viene del museo nacional de Stuttgart, se alterna con la historia del turista estadounidense llegado de Chicago. Basada en bitácoras que realizaron dos exploradores (un etnólogo y un botánico) El Abrazo de la Serpiente está llena de salvajismo, misticismo y sabiduría. Karamakate, un hombre nativo de las viejas aldeas de la selva amazónica, ayuda a ambos personajes en diferentes momentos de su vida, a buscar la flor de Yakruna, una planta considerada sagrada para la extintas tribus de las amazonas. El tercer largometraje del cineasta colombiano es sutil y bestial; plantea el dilema de desaparecer en el tiempo o quedarse como un recuerdo, sólo para comprender nuevos encuentros y redimir errores.

La primera historia transcurre hipotéticamente en 1909, cuando Theodor Koch Grünberg (Jan Bijovet) viaja a la selvática colombiana y conoce a un Karamakate joven (Nilbio Torres), sobreviviente de la expansión cristiana fomentada por el gobierno colombiano a principios del siglo XX. Karamakate mantiene a Theodor lejos de su verdadero objetivo y lo sitúa bajo una rigurosa observación por la falta de escrúpulos del hombre blanco con relación al ambiente y el lugar. El hombre salvaje se mantiene sobre celoso por todo lo que rodea al hombre blanco y sus intenciones.

abrazo serpiente

En un tiempo posterior, pero en montaje simultaneo, vemos a Richard Evans Schutles (Brionne Davis) que se encuentra con un Karamakate viejo (Antonio Bolivar) quien a través de un mapa que dibuja por inspiración de un sueño, le muestra lo que está buscando. Karamakate, ahora anciano, admite haber olvidado gran parte de sus costumbres, y aunque lo acompaña, le pide a Richard que se convierta en su propio guía a través de la selva. La disyuntiva se halla en cómo éste se aparta de sus pertenencias a regañadientes, a diferencia de Theodor, quien no quiere deshacerse de sus maletas.

El montaje paralelo de ambas líneas temporales sirve como una especie de flashback que alterna los recuerdos, pero también el presente y el futuro, con la angustia y rigidez de otra época. Temas como la reencarnación, el destino, la oportunidad que deviene del abandono, se hacen presentes durante 125 minutos.

La fotografía en blanco y negro de David Gallego resuelve en planos bien expuestos. A pesar de las condiciones del ambiente, vemos una imagen muy pulcra que funciona con la narrativa. Esto convierte a la cinta en una verdadera odisea de la mente, del espíritu. Aun con el tema un tanto complicado, no hay tedio alguno. Cada plano dura lo que tiene que durar, de principio a fin.

El guión, escrito por Ciro Guerra en colaboración con Jacques Toulemonde, tiene desde momentos jocosos sencillos, a cambios dramáticos de un personaje complejo para entender su destino, en el que las transformaciones del ambiente son inevitables.

A pesar de la aparente buena relación entre sí, tanto los hombres blancos como los indígenas fracasan en su intento por consolidar lazos y comunicación. He aquí la singularidad del filme; Dos diarios unidos por los años del viaje en la selva, donde el Karamakate no puede salvar su cuerpo, pero quizá sí su esencia espiritual, la cual mantiene viva su propia cultura, debido a que la ciencia del hombre blanco sólo pretende generar más destrucción.

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El trabajo es brillante y a diferencia de otras cintas (sobre todo hollywoodenses) de supervivencia y del enfrentamiento con la naturaleza, se logra mucho mejor la esencia de tales procesos y transformaciones. De momento cabe destacar la realización colombiana; es el momento de voltear a ver nuevas producciones.

Después de superar épocas fallidas, como la llamadas décadas de la pornomiseria colombiana, la ganadora al Art Cinema Award en el Festival de Cannes 2015, redime también parte de esta industria como un exponente latinoamericano más, el cual regresa a las competencias mundiales pisando con fuerza y levantando la voz en lo alto. Estar atentos de los alcances de esta reveladora cinta, que inclusive ahora tiene una nominación como mejor película de habla no inglesa en los Premios de la Academia. Este suceso coloca al realizador Ciro Guerra como uno de los cineastas sensación del nuevo cine colombiano.

Tráiler

Ficha Técnica

Dirección: Ciro Guerra

Producción: Cristina Gallego

Guión: Ciro Guerra, Jaques Toulemonde Vidal

Música: Nascuy Linares

Fotografía: David Gallego

Montaje: Etienne Boussac

País: Colombia, Argentina y Venezuela.

Año: 2015.

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