Mejores películas animadas que han ganado un Oscar

Por: Gerardo Herrera (@El_Lyndon)

 

“Los dibujos animados son diferentes de otras cosas.

Su lenguaje es el lenguaje de la caricatura.

Nuestra tarea más difícil fue el desarrollo antinatural de los dibujos,

pero aparentemente natural de los seres humanos y animales”.

Walt Disney.

 

A lo largo de la historia el juicio de la Academia se define como polémico, y en medio de la injusticia se han premiado u olvidado filmes. La innovación supera al certamen como lo hiciera Toy Story (John Lasseter, 1995) y a falta de categorías, se creó la terna que hoy nos atañe: Mejor animación. Ésta se ha visto envuelta a su vez en el mismo dilema: ¿Las películas ganadoras, realmente lo merecían?

 5. Blancanieves y los siete enanos (1937)

Si bien la cinta no obtuvo precisamente el premio a Mejor filme animado (ni siquiera existía la categoría), Blancanieves ganó un reconocimiento especial por sus méritos artísticos. Walt Disney erigió una gran empresa a partir de ésta película y se consolidó como genio inigualable creando un nuevo paradigma: La animación podía estar a la altura de cualquier producto cinematográfico.

La estructura narrativa funcionó de tal forma que se transformó en el modelo a seguir durante décadas. La trama fue copiada en una serie de filmes con temática similar (por no decir igual) pero con ligeras variantes. Asimismo, la escala de color se volvió un sello registrado de la firma Disney e insertó a su director en los anales de la historia.

Walt nutrió a la película con dos elementos primordiales; el primero fue la comedia física, conocida en Estados Unidos como slapstick, incluso durante el proceso creativo se pagaban las mejores bromas para motivar a los animadores y finalmente se incluían en la obra. El segundo fue el desarrollo del drama a través de la música, en el tono de los mejores musicales de Busby Berkeley, el estudio desafió todo pronóstico creando números inolvidables que se convertirían en una marca inconfundible.

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4. Ratatouille (2007)

Brad Bird es uno de los grandes talentos en Pixar, el director se consolidó con la interesante propuesta Los increíbles (2004) para posteriormente reinventar la saga Misión imposible. Es innegable su versatilidad, ya que es el responsable también de historias íntimas, como es el caso del roedor que desea ser el mejor chef de París. Con maestría, el cineasta estadounidense desarrolla una trama en la que el anhelo del héroe luce improbable, pero que gracias a la genialidad del guión, el protagonista arriba a buen puerto.

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El lugar pudo ocuparlo Wall-E, sin embargo considero que la estética de dicho filme es consecuencia directa de Ratatouille. El realizador destacó la importancia de tener cierta veracidad técnica; un ejemplo de ello es “colocar” un objetivo telefoto para fotografiar a un ratón, a causa de ello la profundidad de campo se ve afectada, es decir, por primera vez una animación se veía “como en la vida real”. Cada plano está construido de tal forma que la elección del lente construye dramáticamente hablando.

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El dominio de la subtrama es regla en Pixar. Jamás vi en ninguno de los filmes anteriores una curva de cambio tan pronunciada como la de Anton Ego: a Bird le basta una secuencia de no más de cinco minutos para explorar el pasado del personaje y cambiar al mismo tiempo su devenir. Una lección definitiva de cómo escribir y desarrollar una personalidad.

 

3. Rango (2011) 

Gore Verbinski desarrolló la trilogía de Piratas del Caribe apoyado por Jerry Bruckheimer, se le notaba un dominio de la estructura convencional, sin embargo no se miraba su potencial como autor. Decidió a la postre crear un filme que homenajea al género cinematográfico por excelencia: el western. Rango fue su postulado artístico y es una de las mejores cintas en la historia de la animación por su complejidad narrativa y su derroche estético.

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Industrial Light and Magic (ILM) logró imponerse a Pixar, Disney y Dreamworks después de 35 años de inactividad. Demostraron su dominio en materia de efectos especiales. Verbinski no sólo demostró tener voz, entregó una historia que se inserta dentro de los clásicos del género. El diseño de los personajes, la actuación de las voces (Johnny Depp en el protagónico) y el detalle en los ambientes la hacen memorable.

Incluso la música se halla a tono, la tragicomedia entrelaza sus conflictos con sencillez, la especificidad del filme proviene del estudio que le creó y de la visión de su director, para el experto es un deleite encontrarse con la gran cantidad de referencias que contiene.

 

2. Up (2009)

Los estudios Pixar han entregado joyas invaluables, goza de una sólida reputación y como estudio cuenta con una de las mejores filmografías. Entró por la puerta grande con Toy Story (1995) y cambió la industria hollywoodense para siempre. Up representa la consolidación del esfuerzo y el talento de los animadores. El filme compitió además, en la categoría a mejor película, entre críticas, perdió el galardón.

Basta recordar la secuencia inicial, que cumple como obra maestra y se trata solamente de los primeros once minutos. A partir de ahí la tragedia se torna tragicomedia, los personajes se complejizan con el avance de las escenas y hacia su final se quedan en nuestra memoria.

 

  1. El viaje de Chihiro (2003)

Sería imposible comprender el viaje de Estudio Ghibli sin el genio de Hayao Miyazaki, quien encontró el balance entre su visión como autor y una filmografía que se popularizó fácilmente. El viaje de Chihiro representó la madurez de ambos y trascendió fronteras, por primera ocasión la Academia premió un filme hecho fuera de su territorio y no erró la elección.

Además de su trama atípica, es un deleite mirar cada plano de la animación en 2D. Son casi pinturas en las que se despliegan diferentes técnicas, las cuales condujeron al estudio a realizar otra obra maestra: El increíble castillo vagabundo (2010).

Los personajes responden a ese mantra fílmico en el cual hacen para revelarse, sus personalidades son un reflejo de esa cultura a veces tan cercana que es la japonesa. El intrincado desarrollo, la moraleja sobre las relaciones padre e hijo y su calidad la insertan no sólo en la historia de la animación, también lo hace en la historia del cine.

Un homenaje a la animación cinematográfica

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