Estocolmo: una herida maquillada y una mutación romántica

Por: Luis Zenil Castro (@AmadeusZenil

Vas a una fiesta, ves a una chica y llama tu atención desde el primer momento, te acercas y le dices que te gusta. Aunque esto no sucede a menudo en la realidad, lo único que se debe hacer es tomar la decisión. Pocas veces uno imagina que esa persona también desea tenerte cerca, y aunque no te hace mucho caso, pasas el resto de la noche con ella hasta las últimas consecuencias, pero ¿qué pasaría si no es la chica que en realidad deseabas?

Una cinta perspicaz, producida casi con una mano delante y otra detrás, pero de una forma ingeniosa que a pesar de no haber recuperado nada de inversión; Estocolmo (Stokholmo, 2014) del español Rodrigo Sorogoyen fue galardonada con distintos premios; Javier Pereira como mejor actor revelación en los premios Goya y Aura Garrido como mejor actriz en las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. La película también fue nominada en varios festivales de Estados Unidos, como el Festival de Miami y Chicago con mejor dirección y película preferida del público.

Stockholm-582832257-largeEstocolmo no refleja otra cosa que una herida maquillada y una mutación romántica, donde lo rígido siempre está disfrazado de una cierta fragilidad y los rostros más bellos por dentro sufren la realidad de llevar una vida solitaria y de emociones vacías. Relatado siempre desde la perspectiva de los personajes, en la cual los diálogos más extensos nos llevan de una situación a otra, Ella (Aura Garrido) es una joven esbelta, de finura hermosa, pero no encantadora; es una figura que carga con el agobio de su propia belleza, y que pocos logran interponerse a esto. Dada esta estética misteriosa que revolotea la mente de cualquier hombre, Él (Javier Pereira) es atraído inmediatamente en el instante que ella pasa caminando a un lado.

Él podría ser el hombre elocuente, proactivo y seguro que es capaz de embaucar a cualquier mujer con su estilo. Ella es la hermosa protagonista que busca un sentimiento sincero y autentico, pero que parece fría (aunque en realidad no lo fue nunca, ni lo será después). Javier Pereira es un chico que intenta ganarse al personaje femenino por cualquier medio; ella luce tan lejana e imposible en un principio, pero mediante jalones de cuerda logra desenvolver el lindo souvenir detrás de esa dura envoltura. La chica, que por convenciones se obliga a que esas emociones siempre deban estar ocultas ante los ojos de cualquiera hasta que suceda algo diferente, algo que, literalmente destruya dichas emociones.

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La propuesta es de planos siempre bien compuestos y secuencias largas, que de hecho son ideales: los suaves acercamientos de cámara (Dolly in) regresan cuando el cortejo comienza nuevamente o la tensión aumenta. Es una cinta con una gran cercanía a los personajes, provocando las sensaciones de aproximación en cuanto a los deseos de los mismos; de la disposición y la repulsión, con base en lo que nos ha sucedido a todos en algún momento. Puede ser subjetivo, pero quizá hay una cierta similitud en la escena del elevador con la secuencia del beso en Drive. Esto podría marcar ciertas influencias del director. así como el soundtrack La Gazza Ladra de Rossini en la escena del abrazo (Thieving Magpie en Clockwork Orange) que la vuelve enorme por cierto.

A nivel guión tiene la disyuntiva del hombre antes del sexo y después del sexo, esto genera todo el giro correspondiente al tercer acto. Por otra parte tiene una interesante idea de montaje, ya que todo sucede en una noche después de salir de la fiesta, y la mitad del filme se convierte en una interesante conversación en la que los personajes van desarrollándose y conociendo sus alcances.

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La dirección y el dominio actoral son fuertes, ya que el giro desmoralizador es cuidado muy bien por Aura y desempeña acertadamente todas las facetas de lo lúdico a su antónimo. Ella, ahora en una abnegación de las emociones más poderosas, como el deseo, el miedo y el egoísmo; aquí, el encanto puede estar disfrazado de muchas cosas y al acercarse disimulando lo que necesita, más que un arte es un vicio. Aquel deseo de sentirse querida por alguien de una forma autentica, pero que en el momento que lo ha demostrado, ha caído otra vez, y no hay forma de cambiarlo.

Al final quizá le falta fuerza, ya que el guión opta por la salida más automática y fácil , por lo que el cierre es predecible hasta cierto punto. La trama cumple con los giros dramáticos, pero no con una idea razonable dentro de los personajes, que inclusive puede ser la intención del guionista y director; sin embargo se vuelve demasiado sencilla y banal.

El segundo largometraje de Rodrigo Sorogoyen se centra en una naturaleza fugaz y de seducción que, así como al inicio se establece para el hombre la pregunta ¿Qué ocurriría si, al día siguiente, no fuera la chica que deseaba? Para Ella se abre otra, inclusive más fuerte; una noche, en una fiesta, se te acerca el típico chico que asegura se ha enamorado de ti. No le haces caso, pero después compruebas que no es el típico machito, es simpático, encantador y realmente se ha enamorado de ti; así que pasas la noche con él. ¿Qué ocurriría si al día siguiente no fuera en absoluto el chico que parecía ser?

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