Sólo el autor le entiende

Chris Marker - Wenders
Chris Marker

Por Andrea Rodea

Muchas veces el cine de autor suele ser visto con malos ojos, incluso es catalogado como presuntuoso y egoísta. Sinceramente nunca he entendido el porqué de tales acusaciones, al contrario, me hacen pensar que el egoísta es quien considera que el director por obligación debe hacer una historia entendible y masticable.

La primera vez que veo algo de Chris Marker es La Jeteè (1962). Lejos de encontrar en ella una película de sci-fi, descubro que la forma visual establece un posible problema con el espacio-tiempo. Todo se cuenta a través de una secuencia de imágenes fijas y aun así, con la carencia de la imagen en movimiento, se podía sentir el ir y venir del tiempo, el movimiento. Hay algo en Marker que me intriga, no puedo entender cómo alguien tan grande puede pasar desapercibido para muchos.

la jetee
La Jeteè (1962)

Sin embargo, en el momento que contemplo San Soleil (1983), entiendo que dicho sentimiento sobre la relatividad del espacio-tiempo no era fortuito, es real. El documental, que rompe con la acostumbrada narrativa, muestra los viajes de Sandor Krasna alrededor del mundo. Lo interesante es que las travesías se abordan entrelazando múltiples imágenes con la voz en off de una mujer que advierte haber recibido una serie de cartas de tal viajero. De esta forma, Sans Soleil no nos toma de la mano para guiarnos de manera turística por las exóticas calles de Japón o de Islandia: crea una relación entre múltiples puntos, con diferentes culturas, tiempos y espacios para volverlos uno solo.

Aquellas experiencias que tomaron años de recorridos se condensan en 103 minutos. El tiempo en aquellas imágenes se transforma y se eleva a lo infinito. Personas de puntos distantes se conocen gracias a la memoria de Krasna, y sin saberlo coinciden tanto en aspiraciones como en sentimientos.

Sans_SoleilBien se explica en el mismo documental, cuando se menciona aquella comparación entre las imágenes captadas y “la zona” en la película Stalker de Tarkosky: aquel lugar donde nos enfrentamos a nuestro pasado y se reproduce de manera eterna. Así tal cual San Soleil nos regala aquel fragmento de memoria, de tiempo y espacio.

El devenir y la existencia del hombre se capturan por el ojo mecánico de una cámara. Se rompen fronteras y se crea una realidad donde se muestra que lejos del lenguaje, del color, de la ideología, somos uno solo, un aquí y ahora. O bien eso descubro al ver, oír y leer lo que el francés filma alrededor del mundo.

Por supuesto dicha cinta tiene un trasfondo más grande y seguramente para Marker signifique (siguiendo la línea de lo eterno) un sin fin de recuerdos sumados con la respectiva carga política y filosófica que se le debe agregar. Pero también creo que él buscó regalarnos momentos, memorias, invitaciones a replanteamientos de cualquier interrogante. Mi entendimiento de Sans Soleil no fue inmediato, pero después de mirarla sentí de alguna manera afinidad. Supe que algo que se reflejaba en dichas imágenes también se reflejaban en mí y en mi manera de mirar el mundo.

El cine de autor antes de entenderse debe sentirse y si al mirar filmes como Sans Soleil, Stalker (Tarkovsky, 1979) El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961), Cleo de 5 a 7 (Agnès Varda, 1962) entre un sin fin más, no te provocan nada, es que probablemente te hace falta observar mejor el mundo que te rodea.

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