Buñuel, el cineasta de la metáfora y la crítica social

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Por Citlalli Vargas Contreras

Tratar de encasillar no sólo la obra, sino al propio Luis Buñuel en un género cinematográfico, en un país o en una época específica sería un gran error. Así, las cintas de aquel que decidió volverse mexicano porque su Madre Patria lo perseguía, continúan adelantándose a nuestro tiempo.

Ironía es que de más de 30 películas que realizó como director, sea más recordado por Los Olvidados (1950), un crudo retrato de la sociedad mexicana enmarcado en un cuadro de marginación, violencia, desesperación, dolor, tragedia y situado en la galería que acoge al neorrealismo de corriente italiana, aunque no deja de lado el surrealismo, sino bien en la obra como tal, sí en la irracionalidad que el lado más oscuro del hombre puede alcanzar.

Sin embargo, no podríamos hablar de un mejor o peor filme de Luis Buñuel. Desde sus dalinianos comienzos filmando hormigas y ojos a punto de ser cortados en El Perro Andaluz (1929) hasta su libre y muy personal adaptación de la novela La Femme et le Pantin de Pierre Louys con Ese Oscuro Objeto Del Deseo, el estilo del director cambió, sí, pero nunca degradó la calidad ni de sus tramas ni de su técnica cinematográfica.

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Pero, a pesar de su constante ir y venir entre géneros, la metáfora y los profundos simbolismos siempre acompañaron a Buñuel a lo largo de su carrera. Expuesto desde temprana edad a Viaje a la Luna (1902) del francés Georges Méliès, era un soñador pero también un luchador social que se ganó a pulso la persecución de la dictadura de Francisco Franco.

Su constante historia de censura por parte de las autoridades comenzaría con La Edad de Oro (1930), una proyecto que fue originalmente concebido con la participación de Salvador Dalí, pero que terminó realizándose sólo con Buñuel debido al repentino amor que surgió entre el pintor y Gala Eluard, lo que les llevó a irse de vacaciones a Torremolinos. La película toca varias fibras sensibles del ser humano conservador: el amor, la iglesia, las perversiones y el cuestionamiento de ciertos valores en secuencias puramente surrealistas. ¿Cómo no iba a causar polémica?

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Otro ejemplo claro de lo que la naturaleza humana puede llegar a crear, o más bien a destruir, se encuentra en El Ángel Exterminador (1962), cuya trama cuenta la historia de un grupo de burgueses reunidos en una mansión. Todo parece muy normal, hasta el momento en que estos se dan cuenta de que no pueden salir del inmueble por una extraña razón que todos parecen desconocer. La ansiedad, la pronta escasez de comida y bebida, la desesperación y la frustración comienzan a sacar a flote las cualidades más oscuras del hombre, dejando de lado cualquier rastro de civilización para convertirlos en salvajes.

Así, los halagos hacia el cine de Luis Buñuel nunca serán suficientes, aunque hablemos con detalle de cada una de sus obras, siempre faltarán palabras para describir esas historias tan bien logradas que surgieron de la brillante pero concienzuda mente del hombre que nació en Calanda, España.

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