La sonoridad idílica de Xavier Dolan

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Por Leticia Arredondo

En la filmografía de Xavier Dolan, quien considera que el arte cinematográfico es la suma de muchas otras, la música es una pieza que siempre encaja en el carácter de los interpretes y en aquellos momentos que revelan al personaje. Asimismo matiza la relación entre ellos y advierte sus características anímicas. Rock francés, rock alternativo y diversas agrupaciones alemanas, británicas, canadienses y francesas son parte del cúmulo musical en las películas del “enfant terrible”.

A diferencia de Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mère, 2008) donde la sonoridad combina con la curva del protagonista y los acordes mínimos del inicio se abandonan paulatinamente para llegar a secuencias vehementes, como aquella donde recurre a la versión completa de Vive La Fête (Noir Desir), en Mommy (2014), las canciones que integran el repertorio son mostradas en su totalidad.

El viaje idílico arranca a cargo del músico escocés Craig Armstrong, quien inyecta una dosis de concordia y tranquilidad a la figura de la mujer que nos introducirá en la historia de Steve (Antoine-Olivier Pilon): Diane Després (Anne Dorval).

Cuando la mancuerna entre madre e hijo ha sido mostrada y el eje conductor de la película comienza a dibujarse, White flag (Dido) nos advierte que el amor supera la definición de un sentir atado a las consecuencias y a los contrastes de la vida: es más bien un hechizo inquebrantable, lo cual guiará las decisiones de los personajes.

Dicha unión no sólo desemboca en momentos agradables, sino en disputas de consecuencias perniciosas debido al Transtorno de Oposición Desafiante de Steve. Por lo cual, Kyla (Suzanne Clément) emerge como el personaje secundario que desempolvará los caminos que la familia no alcanza a visualizar y al ritmo de On ne change pas (Céline Dion), observamos cómo se embarca en una travesía que conmocionará su personalidad.

Wonderwall (Oasis) es la encargada de resaltar el vínculo y la delicadeza entre los tres interpretes. Se trata de una de las escenas de más regocijo, en la cual el sobrevenir de la historia se torna positivo. Sin embargo, sólo se trata de un destello.

Retomando las palabras del cineasta canadiense (“En una película hay momentos de narración y momentos en los que se respira. Las películas respiran en esos momentos musicales.”) en Mommy se agradecen tales respiros que nos insertan en el cosmos de los sujetos.

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