Un ingrediente fundamental en el cine: la mirada

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“Persona” 1966, Ingmar Bergman

Por Javier Martínez Ramírez

¿Qué sería del séptimo arte sin esas miradas que expresan más de lo que podría decir un diálogo? Todos hemos sido espectadores, y por tanto, víctimas de aquellos momentos en que los actores se entregan por completo y demuestran que la fuerza primera e insustituible estriba en esa intención de la mirada.

Al notar este enigmático sentimiento que dos comunes y aparentes ojos pueden ofrecer, es a lo que le han apostado los directores desde que la industria dio sus primeros pasos. Por lo tanto, hay películas que siempre serán recordadas por expresar en minúsculos segundos, las palabras que siempre hemos querido decir y las cuales vemos y entendemos desde la comodidad de una butaca.

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“Intolerance” 1916, D.W Griffith

 Cuenta la anécdota que en uno de esos tantos viajes realizados frecuentemente a Paris, Griffith tropezó en la Plaza de la Ópera con una joven cuya mirada dio de pleno en los ojos del director. Él sufrió una sacudida y quedó tan deslumbrado por la intensidad de expresión de aquellos ojos, que corrió tras la joven.

− ¡Por favor, señor Grifitth, que pretende! Dijeron quizá sus acompañantes.

− ¿Lo que pretendo? – Respondió quizá el director – Pues contratarla en seguida.

La expresión de sus ojos vale cien mil dólares en el primer filme. Y cuenta la historia que costó mucho trabajo disuadir a Griffith de su aparente encaprichamiento con esa joven.

Pues bien: Griffith tenía toda la razón. La anécdota no menciona en ningún momento si la joven era bella o elegante, alta o pequeña, risueña o malhumorada, lo que en realidad no tiene ningún caso, ya que por una u otra cosa se nos negó el ver a la parisina en pantalla por hechos que se desconocen, pero de todas formas sabemos que lo verdaderamente importante a los efectos cinematográficos, es que la enigmática transeúnte fuera naturalmente expresiva; sin pretenderlo y sin preparación previa.

Las anécdotas no terminarán con Griffith. Recordemos a Ingmar Bergman en colaboración con Liv Ullman en el filme Secretos de un matrimonio (1973). O a Alfredo Landa, la mirada más expresiva del cine español, o eso es lo que dice José Luís Garci quien ha sido de los directores que más ha trabajado con él. En fin, las menciones son infinitas, partiendo de la premisa que el cine es mirada, expresión, sensación.

En tanto, directores de escena siguen buscando, sin perder la esperanza, aquella mirada trascendente en lugares donde se esté gestando sin saber, una estrella de cine: las calles, los salones, e incluso el campo. Ahí donde menos se lo esperan están esos rasgos y la expresión característica que tendrán cabida en una u otra cinta.

 

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