El beso en el cine: un convencionalismo necesario

Por: Javier Martínez Ramírez

Ese acto de expresión social de afecto vio la luz por primera vez en la pantalla grande en 1886 con la película El beso, encargo de Thomas Alva Edison al director William Heise. Este beso entre John Rice y May Irwin apenas dura 47 segundos en un único plano y sin sonido. Sin embargo, tales segundos provocaron en la tan puritana audiencia un gran escándalo y perturbación, que según los historiadores, se pidió la intervención de la policía para acabar con aquella “degeneración” que llevaría a la juventud a la perdición total.

Ahora nos podrá parecer graciosa e incluso ridícula la anécdota sobre la reacción de la sociedad de aquella época, pero no estamos tan alejados. Actualmente no hay sala de cine en la que no se exhiba, por ejemplo, un filme que contenga un beso entre personas del mismo sexo (como el de Antonio Banderas y Eusebio Poncela en la película de Almodóvar, La ley del deseo) y que alguien se incomode ante tal situación.

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“La ley del deseo”, Pedro Almodovar, 1987.

Fuera del tema homosexual, tan manejado comúnmente en el cine actual, tal incomodidad se debe a que el beso siempre será sinónimo de transgresión. Por ley fundamental de idilio, toda historia de cine en la que dos personas han sufrido amándose, concluye con un beso (o debiera de ser así), pues podría decirse que toda persona ante la pantalla o tras ella, posee una cierta habilidad innata para besar: es lo que nos caracteriza como seres humanos.

Uno de los primeros en hablar acerca del beso en el medio cinematográfico fue el escritor Horacio Quiroga, quien en sus diversas publicaciones realizadas para distintos diarios como El Hogar, Caras y Caretas, y Atlántida entre otros, afirmaba que tendría porqué comentarse la dulzura sui géneris de este convencionalismo, si la impresión del respetable público fuera unánime. “Todos gustan, admiran y propician este feliz hallazgo del arte de la sombra, este íntimo, estrecho, infinito e indefinible beso final, a que la sala entera suele responder con un hondo suspiro”.

Porque como lo hemos visto, y más que visto, lo hemos sentido: no es sólo el simple acto de juntar los labios con los de otra persona. El beso en el cine condensa y define una aventura de amor que por ser casi siempre el eje de la pieza, mantiene lleno de pasión el corazón y los labios de los protagonistas hasta el desahogo final de la historia. Aunque muchas otras veces, el beso sirve como pararrayos de la misma pasión que no ha sido contenida.

Son estos los casos en los cuales no solamente sentimos el beso como espectadores desde nuestras butacas, sino lo consideramos materia indispensable a los efectos teatrales, pues no hay nada más decorativo en este caótico mundo, que ese previsto, soñado, esperado, largo e interminable beso.

FILMOGRAFÍA DEL BESO

Sería casi imposible mencionar todas las películas donde el beso haya tenido aparición, pues sería más fácil mencionar las que no cuentan con ello. Pero hay cintas en las que no pueden pasar desapercibidos por ser icónicos para su época.

Tal es el caso de Greta Garbo y John Gilbert en El demonio y la carne (1926). Tal es considerado uno de los primeros besos con intención puramente erótica y lujuriosa.

"El demonio y la carne" Clarence Brown, 1926.
“El demonio y la carne” Clarence Brown, 1926.

El primer metraje en mostrar un beso entre dos hombres y en ganar el Oscar a mejor película es Alas (1927). El beso es de Charles Rogers (caracterizando a un piloto en la Primera Guerra Mundial) a su amigo de la infancia y compañero de vuelo Richard Arlen, quien se encuentra moribundo después de haber sido derribado su avión.

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“Alas”, William A. Wellman 1927.

El primer beso interracial entre un hombre blanco y una mujer negra lo vemos en Una isla al sol (1957), mientras que el primer beso entre un hombre negro y una mujer blanca se da una década después en la película Adivina quién viene a cenar (1967).

El récord del beso con más larga duración es de la película Revuelo en las aulas (2005). En los créditos finales, Gregory Smith besa a Stephanie Sherrin por poco más de seis minutos.

En cuanto al mayor número de besos en una sola película, el récord lo tiene Don Juan (1926). John Barrymore les da 127 besos a las dos actrices principales, Estelle Taylor y Mary Astor, y 64 besos adicionales a distintas actrices secundarias para un gran total de 191.

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