Stillman: el Allen refinado (The Cosmopolitans)

The Cosmopolitans - Chloe Sevigny HD Wallpaper
The Cosmopolitans (2014)

Por Irving Javier Martínez @IrvingJavierMtz

A finales de agosto, Amazon estrenó el capitulo piloto de la serie The Cosmopolitans (2014), trabajo esperado de Whit Stillman, director nominado al Oscar (solo una vez). Cuando Stillman comenzó su filmografía en 1990 con Metropolitan, la crítica no tardó en encontrar las similitudes con Woody Allen. El tiempo ha demostrado que el director “neoyorkino” tiene un discurso más profundo que el judío quejumbroso. Su escasa obra (cuatro filmes y uno en preproducción) es una visión de la vida social estadounidense y los protocolos de una “burguesía” cansada de los compromisos nocturnos. Una referencia a El discreto encanto de la burguesía de Luis Buñuel es el inicio del argumento del director sobre la excentricidad, el elitismo y el buen gusto como fuente primordial del humanismo. Postura que –indiscutiblemente- le resta seguidores.

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Whit Stillman, cineasta originario de Washington.

En Metropolitan se menciona la principal influencia de Stillman: Jane Austen. La obra de W.S. es básicamente literaria con cargada teoría social. Las reglas de convivencia y frivolidad en las reuniones juveniles inglesas son trasladadas a New York, para ejemplificar las nacientes formas afectivas en las nuevas generaciones. Aunque la sexualidad es más relajada, las formas de amor británicas siguen vigentes y se han convertido un estándar. También, aparece el tema de la virtud femenina en Audrey Rouget (Carolyn Farina). Como algunas heroínas de Austen, la “trilogía” de Stillman habla sobre un feminismo virtuoso a partir de la inteligencia y la opinión (distinción del resto de las mujeres).metropolitan

En 1994 estrena Barcelona, cinta con dedicatoria a su esposa y a los días de residencia en España. Como Allen en su exagerada Vicky Cristina Barcelona (2008), el realizador presenta la diferencia cultural entre ibéricos y anglosajones pero con (mucho) aprecio y cariño (sin la mala leche de Allen). Aunque Stillman se autodenomina apolítico, el largometraje tiene una constante referencia al exacerbado ego estadounidense, representado por el personaje de Chris Eigeman. Como en todas sus películas la decadencia del enamoramiento está presente en cada escena e intenta dejar en claro la caducidad del “amor cortés”.

Si en Metropolitan eran los burgueses, en Barcelona los “fachas”, The Last Days of Disco (1998) está dedicado a los “yuppie”: un grupo de jóvenes con la única preocupación de entrar todas las noches a la mejor discoteca (específicamente el Studio 54). La indecisión de los adultos jóvenes (“yo nunca saldría con un publicista”) se vuelve el vehículo para volver al tema de la virtud y el vicio. Stillman argumenta que la era disco es el inicio de la actual forma de vida social de las nuevas generaciones. El largometraje se desarrolla en un ambiente de nostalgia por el fin de los días de fiesta (como el final de Metropolitan y la segregación del club).

 Más de una década después, regresa con Damsels in Distress (2011). Los personajes se mueven en una ignorancia aristocrática. Se critica a la educación contemporánea y como afecta la vulgaridad popular a la sociedad (en un gran dialogo final entre Gerwig y Tipton). Stillman adapta sus toques noventeros a la actualidad, como las coreografías de Sambola y otros bailes añejos (el cha-cha-cha, el limbo o la música disco). Cada película es una gran carta sobre un momento en la vida de un “americano” enamorado de la vida y la sociedad “civilizada”. Un director que se acondiciona a los nuevos tiempos sin perder su elegancia y “encanto”.

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THE COSMOPOLITANS

La corta espera entre “damiselas” y el siguiente proyecto habla de un resurgimiento de Stillman, posterior a su estancia en Francia. The Cosmopolitans (2014) es la historia de un grupo de adultos y sus experiencias en la élite adinerada de París (tres chicos y una joven amorosamente desilusionada). En veinticinco minutos concentró su estilo cinematográfico en un nuevo viaje al extranjero para retratar la vida y costumbres –transporte, convivencia- de forma sutil y sin parecer un folleto de viaje (como To Rome with Love, 2012). El equilibrio de género y falta de complacencia con el público libra al “piloto” de parecer una Gossip Gril más, para ser otra obra sobre la vida en grupo y la burguesía. La media hora de The Cosmopolitans tiene el potencial de Stillman en TV.

Sin referencia directa, The Cosmopolitans forma una cadena con sus primeras películas. Si el cameo de Audrey es inspiración para Alice (de The Last Days of Disco), el personaje de Chloë Sevigny es la proyección de ese modelo (clasificada despectivamente por los hombres como una gold-coat). Los estándares de sofisticación se elevaron desde el primer film del realizador. En una secuencia de fiesta parisina, Stillman nos muestra a unos “niños ricos” con el mismo buen gusto, ignorancia y pretensión americana (como el ligue en francés de Adam Brody con la rubia canadiense –Vancouver, “Francia”-).

 Cosmopolitans

Los diálogos expositivos son más relajados y diluidos en el contexto. Las relaciones entre los personajes tienen muchas líneas y caminos para continuar. La serie es una evolución en la carrera de Stillman con lo mejor de su estilo (regresa la “Sambola”) actualizado a tiempos modernos. Como en Barcelona, los franceses carecen de clichés y los estadounidenses están en constante adaptación a la etiqueta extranjera. El maduro despreocupado de Adriano Giannini (como la española de Mira Sorvino) y Sevigni brindan el soporte a un joven elenco prometedor (principalmente Freddy Åsblom).

 A la espera de la decisión final de Amazon Studios (según el director, la nueva vía “idie”), Stillman se encuentra en la preproducción del más importante de sus proyectos: la adaptación de la novela epistolar Love & Friendship de Jane Austen (con Siena Miller y Sevigny, nuevamente). El film sería una entrada al génesis de las ideas de W. S. sobre la sociedad. Tal vez no exista un mejor realizador para llevar al cine a Austen. Film tras film, Stillman demuestra su excesivo talento para retratar las “clases altas” y “pensantes”, donde la frivolidad y el buen gusto son una necesidad primordial para la sobrevivencia de la humanidad. PD: Fourieristas, favor de abstenerse.

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