Un affaire de película: la vital relación entre la moda y el cine

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Por Orianna Martínez/ @ori_ori

Audrey Hepburn baja de un taxi frente a la exclusiva joyería Tiffany’s ubicada en la Quinta Avenida y se abre paso al escaparate principal usando un clásico vestido negro de Givenchy, gafas oscuras, guantes de satín y un collar de perlas.

Con diminutos pasos, se acerca para contemplar las pequeñas piezas en exhibición mientras saca de una bolsa de papel un frugal desayuno: café y una pieza de pan danés. La secuencia continúa mientras ella rodea la tienda observando la perfecta construcción de las piedras preciosas al mismo tiempo que le da un sorbo a su bebida y un par de bocados a su panecillo.

Por supuesto, la  memorable escena de la que hablo es la encargada de abrir la película Breakfast at Tiffany’s, de 1962 dirigida por Blake Edwards. Cada uno de sus elementos está ahí por una razón: los planos generales, la sutil iluminación, la música de Henry Mancini, el lujoso vestuario de Audrey, etc. Juntos forman una introducción audiovisual perfecta y ninguno de ellos es más importante que el otro. Hago énfasis en este punto porque es muy común no apreciar la relevancia que tiene la moda en el mundo del cine.

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Imaginemos de nuevo esta escena pero ahora con una Audrey usando pantalones de mezclilla, tenis de lona y una camiseta blanca. El resultado sería completamente distinto, porque cada momento en pantalla tiene una necesidad particular.

El vestuario transforma al actor en personaje, le da credibilidad y lo complementa. En las producciones cinematográficas, quien se encarga de esta particular unión es el equipo de diseño de vestuario. Pero su trabajo no es nada fácil, hay todo un proceso de investigación para encontrar el atuendo correcto, se necesita estudiar cómo se vestían las personas en determinada época, ya sea La Edad Media, La Guerra Civil, La Era del Jazz o el año pasado. Además, hay que conocer completamente al personaje, saber cuál es su propósito en la historia, qué necesita proyectar, y por supuesto, advertir qué tipo de colores y cortes le quedan.

Y el reto no es menor cuando se trata de historias futuristas, tan sólo recordemos la segunda parte de Volver al Futuro, en la cual, en un posible 2015 hay lugar para chamarras y tenis autoajustables, sombreros, gorras y camisetas con estridentes estampados que no están muy alejados a lo que hoy se presenta en las pasarelas. Blade Runner es otro claro ejemplo, en esta distopía del cyberpunk se utilizaron estilos eclécticos; un poco de gótico con tintes militarizados y vaporosos abrigos de piel que complementaron la narrativa fílmica a la perfección.

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A fin de cuentas el eterno romance entre la moda y el cine es algo indiscutible, su influencia es recíproca, se han encargado de hacer atuendos inolvidables y juntos han creado prendas icónicas que marcaron toda una época.

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