Claude e Isabelle: El olor a la clase media

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Por Irving Martínez/ @IrvingJavierMtz

François Ozon es un director francés presente en los principales festivales de cine con su obra que abarca más de dos décadas sin perder la vigencia. En sus primeros trabajos el suspenso fue una constante, pero poco a poco se diluyó para dar paso a largometrajes de compleja gama de géneros. Con Sitcom (1998) alcanzó un rápido reconocimiento en la industria. De su estilo se reconoce el uso de tópicos relacionados con la diversidad sexual y películas como 8 mujeres (2002) se convirtieron en banderas para la comunidad gay.

En México se reconoce y aplaude su trabajo y es un autor obligado en los Tour de Cine Francés y muestras de cine. Sin embargo, después de la magistral El tiempo que queda (2005), tuvo un estancamiento en su carrera con irrelevantes cintas como Ángel (2007), Ricky (2009) y Mujeres al poder (2010).

En 2012 llegó a San Sebastián con el drama En la casa y logró tener en sus manos la Concha de Oro a Mejor Película y el Premio del Jurado al Mejor Guión. Inmediatamente comenzaron las expectativas con su siguiente trabajo que, por obviedad, entró en la selección oficial de Cannes: Joven y bella (2013). Además de ser el regreso de Ozon a las alfombras rojas francesas, es un nuevo discurso y estilo en su versátil filmografía. Ambas películas comparten particularidades que permiten definir a Joven y bella y En la Casa como un díptico crítico sobre la juventud y la decadente estructura familiar.

sitcom-movie-poster-1998-1020525142El adolescente francés de los ochenta

Algunos años atrás, Claude Miller seleccionó a Charlotte Gainsbourg (hija de la controvertida pareja Gainsbourg-Birkin) para interpretar a La pequeña Ladrona (1988), la historia de una precoz adolescente amante de lo ajeno. El mismo realizador fue el responsable de una versión masculina: La mejor manera de andar (1976) con un joven Patrick Bouchitey. Bertrand Blier crea su propia lolita en Tú me hiciste mujer (1981) con la desconocida Ariel Besse en rol principal.

El prolifero Claude Chabrol tiene una filmografía repleta de jóvenes protagonistas con ansias de ser adultos. En 1978 dirige Prostituta de día, señorita de noche y el resultado fue una sensual psicópata con tendencias parricidas. Era claro que en Francia la sexualidad había llegado a una relativa liberación y Maurice Pialat y Erich Rohmer concibieron los mejores tratados sobre este tema. El primero –quién lanzó una mentada público con Palma de Oro en mano- escandalizó con las efímeras relaciones sin tapujos ni sermones en A nuestros amores (1983); y en Paulina en la playa (1983) de Rohmer una joven quinceañera comienza una educación sentimental impartida por su poli amorosa prima Marion.

En apariencia el punto de unión de las películas mencionadas es la temprana sexualidad, pero el deseo es una complacencia para el voyerista público. En realidad sólo son personajes con asco y coraje a las instituciones: la religión, la política y sobre todo la familia. Lo interesante son las diferentes formas de repudio adolescente a sus patéticos padres; desde las burlas y berrinches de la Suzane de Pialat, hasta los planes criminales de la Violette de Chabrol. Sin duda, fue el periodo del cine francés con mayor crítica social desde la perspectiva subjetiva de los jóvenes. Sin embargo, tres décadas más tarde, François Ozon creó dos héroes no adultos para plantear que tal vez los insatisfechos jóvenes de Miller o Rohmer no escaparon a los dogmas establecidos y terminaron en ridículos reflejos de sus padres.

Bella de día con celular

En resumen: En la casa es la comedia sobre un profesor interesado en las descripciones literarias de su alumno Claude García (Ernst Umhauer) sobre la familia de su amigo Rapha. Y Joven y bella es el descubrimiento sexual de Isabelle (Marine Vacth) y su inicio en la prostitución a los 17 años. Los dos protagonistas son menores de edad y ambos se encuentran en una etapa de descubrimiento sentimental.

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Claude Garcia escribe: Por fin estaba en esa casa en la que tantas veces me había imaginado. Era más grande de lo que suponía, adentro cabían cuatro casas como la mía, todo estaba limpio y ordenado […] estaba a punto de volver con Rapha cuando un olor llamó mi atención, el inconfundible olor de la mujer de clase media. Claude es un chico con un intelecto superior del promedio pero pertenece a una clase popular, con un padre enfermo y una madre sin ver desde los 9 años. El choque cultural con la familia Rapha provoca burlas y desprecio. Encuentra ridícula su falsa intelectualidad, sus formas de entretenimiento, la hipocresía de sus relaciones y su inexistente bienestar, pero también desea ser parte de “la clase media”.

El collage inicial con fotografías de alumnos de un liceo es la introducción para entrar al mundo de un adolescente. La película es (indirectamente) la perspectiva de Claude y la caricaturización de los adultos. Aunque su necesidad de afecto es evidente, Garcia también se niega a ser parte de la ordinaria sociedad que compra acuarelas sin saber su significado. Existe una referencia directa a Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini y la inexistencia de los lazos familiares. Como Terence Stamp, el joven escritor se adentra a la familia Rapha para reafirmar que la vida familiar afrancesada no es en realidad su “final deseado”. En cambio, encuentra una simpatía por la monótona y deprimente vida de su profesor. El final en la banca junto al maestro de literatura es un encuentro con su futuro. Una vida llena de soledad pero sincera y alejada de los torturantes convencionalismos sociales.

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Isabelle de Joven y bella es un homenaje a Séverine de Bella de Día(1967) de Luis Buñuel, con pequeños cambios importantes. Para ambos personajes el amor no existe pero, al final, Séverine vuelve a añorar la convencionalidad. Isabelle no. Las patéticas relaciones sentimentales de su madre infiel son el antecedente para optar por una vida sexual donde el amor no tenga cabida.

Ozon siempre ha evitado teorías freudianas de cajón y este es el buen ejemplo. Su corto noviazgo es frustrado al percatarse del inminente retorno a los convencionalismos familiares (poner especial atención a la escena del desayuno familiar con el novio); en cambio, los contactos con hombres maduros son más satisfactorios en su búsqueda de ternura. Isabelle también tiene un encuentro con su solitario futuro encarnado por Charlotte Rampling.

El realizador filma a jóvenes estudiantes en aulas de estudio; muy parecidos a secuencias de La Clase (2008) y La vida de Adele (2013). Podría interpretarse como una crítica al decadente sistema de educación y los vacíos ideales de las nuevas generaciones. Pialat ya hacía referencias a la “plastificación” de los sentimientos. Se habla de amor sin entender ni sentir la emoción (palabrería poética como las falsas metáforas de Claude). En la casa de Isabelle vive otra de tantas familias de clase media como los Rapha; adultos que antes fueron los franceses precoces del cine de los ochenta.

El nuevo rumbo del cine de Ozon conserva la crítica a los convencionalismos emocionales del mundo contemporáneo. Su próximo trabajo será Une nouvelle amie (2014) y posiblemente estará en el Festival de Venecia. Al parecer seguirá el estilo de sus predecesoras.

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